Cuando tenía 15 años vi una película porno. Salía una chica, estaba sentada en un sofá. Alguien desde la cámara le hacía preguntas, ella parecía una chica normal, pero se palpaba el deseo, el de la cámara sobre ella, sabiéndose deseada. Al instante aparecieron 3 tíos, que sin mediar palabra le metieron la polla en la boca (uno después de otro), mientras ella masturbaba a los que esperaban. Así uno detrás del otro. Mientras el cámara no paraba de calentar el ambiente con frases cachondas.

Ella era lo más importante de la película, a los tíos no hacía falta ni verles la cara, de hecho ellos, seguramente, estarían ahí gratis, sin cobrar nada, con el único fin de follar con ella. De hecho, puede que esto fuera lo mejor que les hubiera pasado en mucho tiempo, follar de gratis y sin movidas con una chica joven y guapa.

Entonces entendí, casi de forma automática, que la película me importaba una mierda, si se la chupaba a uno o a cien. O si se la metían por el culo o por la oreja. Yo me excitaba al pensar en ella, como objeto de deseo de esos hombres, imaginaba que era yo…Todo eso con 15 años, cuando era virgen.

Sentados en el sofá conmigo estaban Ramiro y José Luis, dos compañeros del insti con los que me había tocado hacer el trabajo de ciencias. Durante un descanso me pusieron la película, aprovechando que no estaban los padres de Ramiro. Los tres permanecimos en silencio durante largo rato. Yo con mis pensamientos, y ellos con los suyos. De repente Ramiro cogió el mando y cortó la película.

Bueno, ¿qué te parece? – Dijo él

¿Qué quieres que te diga? – Dije yo

¿Habías visto porno alguna vez?

¿A ti que te importa?

¿Te parece una guarrería? – Dijo José Luis

Has puesto una película y yo he mirado, ¿qué más quieres? ¿un comentario de texto con nota?

Queremos saber si mañana irás corriéndolo a contárselo a todos.

¿El que? ¿qué tienes una tele de plasma? Jo chico… que impresionante.

¿O sea, que te da igual? – Dijo Ramiro

Sí, si quieres ponla mientras hacemos el trabajo, a mi me da igual.

¿Y si nos sacamos la polla y nos masturbamos? ¿te importa?

Es tu casa, haz lo que quieras…

Bueno, lo que realmente te queríamos pedir es… si nos haces una paja mientras vemos la peli.

¡¿Qué?! – Dije yo, me sorprendió, no lo voy a negar.

No te asustes, te pagamos… te pagamos…

¿Cuánto? – Dije yo

Cuando les pregunté cuanto se quedaron tontos, no se lo creían. Yo después de lo que había sentido viendo la película… no tenía especial reparo en pajear a estos dos, si me daban dinero a cambio. Me parecía un buen negocio, yo no pierdo nada, y mejor que agitar el boli haciendo el trabajo… muevo la muñeca. No sé, no es para tanto.

 

Te damos 20 euros cada uno.

Jaja, eso es poquísimo. – Dije yo

30 cada uno, no tenemos más… – Dijo José Luis

Aceptaría, si no se lo contáis a nadie, y si… termináis vosotros el trabajo de ciencias, ¿ok?

Aceptaron con una gran sonrisa en la boca. Me pagaron por adelantado… y nos acomodamos en el sofá, yo en el medio. Se bajaron los pantalones.

Para ser la primera vez que veía dos pollas no me impresionó mucho, aunque sí estaba excitada por la situación… ver la peli y agarrar dos pollas me parecía lo más: ¡cobrar como una puta pero seguir siendo virgen! Como juego es más excitante que el de la botella… y también como negocio.

La peli siguió: a la tía le metían pollas a la vez por la vagina y por el culo. Entonces cogí las pollas de Ramiro y José Luis y empecé a pajearles. Yo imaginaba que era ella… Ramiro y José Luis empezaron a gemir, les gustaba hacerse los “tíos” conmigo, me tocaban el pelo, palpaban mis hombros… a más no se atrevieron. Entonces José Luis se corrió, varios chorros de semen le saltaron directamente a su propia cara, aunque él estaba tan excitado que no paraba de gritar y revolverse de placer. No creo que hiciera eso siempre que se masturbara… sin duda para él era como follar por primera vez, eso me halagaba ¡cuánto soy capaz de hacer sólo con una mano!

En ese momento entró en casa Salva, el hermano de Ramiro con dos amigos más (de entre 25 y 30 años). Apenas les dio tiempo a Ramiro y José Luis de subirse los pantalones y cortar la tele. Yo me quedé tan tranquila sentada en el sofá. Todo parecería normal si no fuera porque José Luis seguía teniendo su propia corrida en la cara, cuando el hermano de Ramiro se dio cuenta (nada más entrar) se quedó de piedra:

¿Pero que cojones estáis haciendo?

Un trabajo de ciencias – dijo José Luis

¿Y para eso te pones una corrida en la cara? – Dijo Salva

Ramiro se estaba descojonando de risa. Y yo también…

Jajaja, nos estábamos pajeando y le ha saltado encima… jajajajaja…

¿Y tu? – Me dijo a mi

Yo nada…

Joder que suerte tenéis, cuando yo tenia vuestra edad una chica nunca se habría quedado a mirar

¡Nosotros le pagamos! Por 30 euros nos pajea.

Joder como se lo montan… ¿y que más cosas haces? – Me dijo

Nada más – Le dije algo cortada

¿Por 20 me pajeas a mi? – Dijo Salva

Bueno… – Dije sin pensar.

A ver si es verdad…

Se bajó los pantalones. La tenía pequeña, algo morcillona. En ese momento me sentía como al borde de un abismo… estaba traspasando la barrera de la realidad, con esto no contaba. Salva se la tocó un poco y en cinco segundos ya la tenía dura.

Venga – Dijo Salva

No, no, el dinero por adelantado – dije yo, los amigos de Salva soltaron carcajadas.

Salva tuvo que sacar la cartera y buscar los euros, estaba ridículo con la polla al aire. Me pagó, guardé el dinero en el bolsillo, me agaché y empecé a pajearle, mientras el resto no perdía detalle. Yo seguía pajeando con la izquierda (soy zurda), sin apartar la mirada de su polla, porque me daba mucha vergüenza mirarles a ellos, todos clavando sus miradas en mi. Me excitaba muchísimo, pero a la vez me daba corte.

¿Cómo te llamas? – dijo Salva

Ruth – Dije yo

¿Cuánto quieres por chupar?

Sonreí maliciosamente como si supiera de que me reía, como si yo supiera mucho más que él… y que va, no tenía ni idea de que me estaba riendo, pero intuía que era lo que tenía que hacer. La verdad es que en ese momento me habría encantado parar e irme, tenia el cuerpo ardiendo de calor, más que excitación, era desbordamiento… esta situación me desbordaba. Sentía como si fuera en un cohete, a mil por segundo… y no pudiera parar.

Hoy no chupo – Le respondí.

¿Y eso? – Dijo Salva fingiendo que no me creía, con risa burlona.

Solo chupo los miércoles, y hoy es ya jueves…

Todos rieron, y yo seguía moviendo mi mano, pajeándole.

¡Oye Ruh! – Me llamó uno de los amigos de Salva

¿Que? - Me giré un poco y le miré… en ese momento vi sus ojos llenos de deseo…

No hagas ni caso a ese, que es un cutre, te doy 150 euros si me la chupas.

Todos empezaron a silbar y reír, parecía que él había inaugurado los juegos.

Yo también te doy 150 si me la chupas – Dijo el otro amigo de Salva.

Y yo – Dijo el propio Salva.

Yo también reí, joder, mis padres me dan 30 euros a la semana… No contesté, sólo reí, mientras ellos no paraban de adularme:

Venga, que nos estás volviendo locos, ¡estás buenísima!

Al final lo dije:

Vale, pero por adelantado.

Mujer, confía un poco, cuando acabemos bajamos al cajero y te pagamos…

Que no, por adelantado…

Accedieron, y se fueron a sacar dinero. Me quedé a solas con Ramiro y José Luis. Ramiro se bajó los pantalones y me dijo que siguiera pajeándole, al fin y al cabo había pagado por ello.

Hazlo despacio, que no me quiero correr.

¿Y eso? – dije yo

Quiero seguir pajeándome cuando se la chupes a estos.

Podrías chapárnosla gratis, te vas a sacar una pasta gracias a nosotros – Dijo José Luis.

Ponte tu a chupar pollas y gánatelo… – Le dije

Yo no soy una puta – Dijo José Luis

Yo tampoco, de hecho aun soy virgen…

Entonces llegó Salva con sus amigos, que no eran sólo dos, habían llamado a 3 más.

Ruth, nos hemos encontrado con estos amigos por la calle y les hemos contado lo de nuestra fiestecita. ¿Se la chupas también?

Si pagan…

Todos empezaron a reír, parecían vaqueros… Unos bobos… le dan mucha importancia. ¿Es difícil chupar un dedo?, ¿hay que ser muy inteligente para hacerlo? ¿te estás rebajando? pues esto es igual… es sólo un trozo de carne… dentro de una boca, joder. Yo jamás lo había hecho antes, pero me parecía muy sencillo.

Pero nos tienes que hacer un descuento, que somos 6, hazlo por 100 por cabeza.

Ni de coña, 150.

Ya veremos… – Dijo Salva.

Ellos empezaron a bajarse los pantalones y acercarse a mi. Entonces me puse algo nerviosa.

No, no ¡150 por adelantado o me voy!

Hazme el descuento a mi solo, anda, y después te lo piensas con los demás, empieza… – Me dio el dinero y me le guardé en el bolsillo.

Me agaché y vi su polla frente a mis ojos. Entonces me di cuenta de que algo se me había pasado por alto.

Oye, ponte condón – le dije

¿Qué pasa? ¿tienes miedo de quedarte embarazada? Jajajaja.

Todos se rieron. De repente me empezó a entrar algo de asco. Más bien… reparo a meterme la polla de Salva así, a lo bestia, en la boca. Me estaba metiendo en un terreno de aguas movedizas, yo nunca había ni siquiera imaginado que se sentiría al chupar una polla, y ahora que la tenia delante me daba cuenta de que era un bicho considerable, lleno de venas y pringoso.

Venga, ya vale, te pagamos 50 con condón o 100 sin condón, elige de una puta vez que esto no es un concurso de la tele. Son las… 18:12, si a las 18:15 no estas chupando pollas, te vas de esta casa… a la puta calle y sin nada

Vale, sin condón.

Todos me dieron el dinero, uno por uno. Me lo guardé en el bolsillo. Joder, me iba a explotar el bolsillo del pantalón con tanto billete… tenía más pasta que nunca. Pero llegó el momento de ganármelo. Me agaché, cogí la polla de Salva y me la metí en la boca… todo lo que me cabía…

Eyyy, cuidado, no te atragantes, que esta es mucha polla – Me dijo.

La verdad es que estaba como un flan, enseguida se dieron cuenta de que no sabía ni como chuparla, pero empecé, poco a poco… Fue super raro, su polla estaba caliente y dura, pero a la vez, estaba blandita… un dedo tiene hueso, una polla no.

Salva me sujetaba de la cabeza, y yo me dejé llevar. Lo peor es que enseguida lleva el momento en el que tienes la boca llena de saliva con sabor a polla. Tampoco imaginé eso. Traté de no tragar saliva hasta que no pude más, y tragué… Ahí fue cuando me empecé a sentir una puta, no fue antes (cuando empecé a chupar), no, fue cuando tragué saliva con sabor a polla.

Pero ahora venía algo aun más sustancioso… Salva apretó mi cara contra su polla, yo pensaba que simplemente le excitaba, me empezó a dar arcadas tener la polla tan dentro, y entonces se corrió… varios chorros de semen salaron a mi garganta. Entonces logré sacarle la polla y empecé a toser… el semen estaba por todas partes, en mis labios, boca y garganta… Me lloraban los ojos, por reflejo… Mi cara así les excitaba aun más. José Luis me dio un vaso de agua, cuando fui a beber vi que en el fondo había una corrida:

Es mi pequeña contribución – Dijo José Luis.

Yo bebí igualmente, me daba igual…

Llegó el siguiente tipo, puso su polla frente a mi y yo empecé a chupar. Por lo menos tuvo el detalle de cuando se fue a correr, me avisó, me pidió que abriera la boca y se corrió lanzando su semen dentro… así por lo menos me dio algo más de margen para no tragar. Aunque las arcadas me entraron igualmente. Y así con los 6 tíos… se la chupé a todos hasta que se corrieron en mi cara o mi boca.

Cuando terminé Salva me dio mi mochila y me abrió la puerta de la casa.

Déjame que me limpie un poco antes – Le pedí.

Eso te costara 50 euros por cada una de las corridas que te quieres limpiar, en mi baño no se limpia semen cualquiera… nos da asco, somos una familia conservadora.

Salí por la puerta con la cara, y la ropa manchados de saliva y semen… De camino a mi casa entré en un Burger y me limpié un poco. Estaba agotada, me sentía muy rara, en el fondo estaba muy contenta… sabía que lo que había hecho rozaba la humillación, pero ¿acaso 690 euros no pagan 2 horas de trabajo? ¿cuánto ganan las chicas de mi edad en este Burger por todo un mes? Sinceramente: prefiero chupar pollas.

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Hace unos dos, talvez tres años que conocí a Alicia, fue gracias a que un amigo de la colonia la llevo a una de las tantas fiestas o borracheras que hacemos. La primera vez que la ve me pareció una chica normal, no es del todo una mujer bella pero tiene algo muy atrayente, algo que no se explicar bien pero tiene su pegue la chava, tiene un buen cuerpo, quizás su busto es algo pequeño, pero igual esta delicioso, buenas nalgas firmes y paraditas, piel muy muy blanca, es algo bajita de estatura, ojos negros y enigmáticos, labios delgados pero hermosos, cabello a los hombros lacio y en un color en constante cambio ya que se lo tiñe con frecuencia, a mi me encanta de pelirroja, es una linda chica, muy buena onda… pero nunca pensé que fuera tan pervertida como continuación les contaré…

La traté poco a poco, al principio casi no hablábamos solo nos saludábamos y cada quien por su lado, me la topaba muy seguido en la calle ya que vivimos en la misma colonia solo a una calle de distancia y también la encontraba muy seguido en el messenger, así fue como me hice mas amigo de ella, a mi siempre me atrajo aunque no con mucha fuerza pero si algo… desgraciadamente para mi casi siempre que la encontraba en la calle iba acompañada por su novio. Pero una de pocas veces que iba sola le dije que saliéramos algún día a tomar algo, siempre me decía que si pero nunca quedábamos en nada concreto, la verdad es que yo tampoco le echaba muchas ganas ya que en realidad no me interesaba tanto.

Un día me entere que fue a mi casa, yo no estaba pero mi familia me informo y aparte un amigo que vive enfrente me dijo que Alicia me buscaba, no tome importancia y solo le mande un mensaje a Alicia, el sábado siguiente apareció en mi casa a medio día, yo estaba bien fodongo ya que me había ido a una fiesta el día anterior y me sentía del demonio. Me sorprendió verla y me dio pena que me viera como estaba, la hice pasar ya que no había nadie en mi casa, mi madre y mi hermano habían ido al súper yo no aguantaba la cruda y me quede a descansar, ese día iba muy sexy, era un día soleado y acalorado, por lo que llevaba una falda de mezclilla algo corta y una blusa blanca muy pequeña que daba a notar que no llevaba sostén y se podía ver sus pezones paraditos a través de la tela pegada a sus cuerpo, algo que me éxito muchísimo y me provocó una rápida erección (cave decir que siempre después de haber tomado amanezco muy caliente y con la verga a mil) Yo le comente que se veía muy bien y que se me antojaba mucho, le hablaba así ya que había tomado ya algo de confianza con ella, me pregunto si estaba solo y le dije que si.

Me platico que me había estado buscando por que estaba muy deprimida ya que había tronado con su novio y quería des estresarse, le pregunte que quien era el siguiente en su lista de pretendientes por que yo estaba escrito en ella, me respondió que YO podía ser el siguiente si quería, eso me prendió mucho y me dieron ganas de desnudarla y comérmela en ese instante, pero quería ir poco a poco ya que no sabía como podría reaccionar ella.

Creo que ella noto mi excitación (además de que se notaba en mi pantalón) pues se acerco y me empezó a besar en el cuello, eso me encanta y me pone como loco, y así sin mas empezó a sovarme la verga por encima del pantalón y a jadear como puta… Yo me quede sin reacción por un momento, me la quería coger pero me daba miedo de que llegara mi madre de pronto y mi cabeza me daba vueltas debido a la cruda, pero estaba súper caliente, tenía la verga bien parada y húmeda.

?

Ella se quito la blusa y me dejo ver sus hermosos senos que aunque son pequeños tienen unos pezones paradísimos y ricos, los empecé a chupar y mamar, los succionaba fuertemente y ella cada vez jadeaba y gemía mas, ella también estaba al borde de la pasión, era una tarde ideal para quitarse toda la calor que llevábamos, le metí una mano entre las piernas hasta su ya mojada tanga y la empecé a acariciar por encima, ella me saco la verga y la empezó a masturbar, sus mano se lleno de mis líquidos preseminales que salían cada vez mas y provocaba una lubricación increíble en la paja que me ofrecía Alicia, veía su rostro y estaba como ida, con los ojos cerrados y con la boca abierta, se mojaba los labios con su lengua y decía frases entrecortadas, “que rico” “estoy bien caliente” “quiero que me la metas” “méteme los dedos” “así me gustan las vegas”  eso me calentaba cada vez mas me sorprendió como se estaba comportando nunca me había imaginado, ella se chupaba la mano con la que me masturbaba, chupaba y se tragaba mis líquidos, me decia con voz cachonda que le encantaban las vergas jugosas y mojadas como la mía, que sabia riquísimo y que me la quería mamar y probar mi carne, yo quería que hiciera lo mismo pero estuvimos un rato en la posición inicial yo ya tenía dos dedos dentro de ella y moliéndolos con habilidad, ya empezaba a escurrir un liquido delicioso entre sus piernas y su tanga estaba empapada de sus jugos que brotaban de su vagina.

Estuvimos un rato así y me dijo que ya quería sentir mi verga dentro, se rehusó a usar condón quería sentir mi piel y mi verga toda mojada resbalar entre sus piernas, yo también anciaba eso aunque me daba miedo embarazarla ya que como dije estaba con la verga empapada de liquido preseminal, no me importo y se la metí, entro muy fácilmente, resbalo perfecto y sentimos nuestro cuerpos calientes fundirse mas entre si, nos estremecimos incluso experimentamos espasmos, ella estaba en sobre mi, estábamos acostados en el sofá de mi sala, se empezaba a mover lentamente, quería sentir y experimentar con cada parte de mi pené, sentía su vagina hervir, era tan cálida y húmeda, sentía como fluían incluso mas liquido de nuestros sexos y me mojaban el pantalón increíble, ella se movía riquísimo lentamente, nos veíamos a los ojos y no paraba de decirme esas frases obscenas que te prenden al máximo, se sentía y respiraba la pasión, la habitación se empezaba a llenar del olor a sexxxo tan penetrante…

Yo sudaba como cerdo debido al alcohol que salía de mi cuerpo, y ella me empezaba a lamer y chupar, sorbía las gotas de sudor de mi frente y de mi pecho sin dejar de mover sus caderas y su contraer su vagina que aprisionaba mi miembro, me parecía magnífico, parecía que ella quería probar todos mis fluidos incluso mi sangre ya que me mordía los hombros muy fuerte, algo que me dolía mucho pero a la vez me excitaba sobremanera, yo me iba a venir, le dije a Alicia que iba a eyacular y ella empezó a moverse cada vez mas fuerte y rápido me decía que me viniera dentro de ella que quería sentir mi semen dentro de ella, quemando sus paredes vaginales y resbalar por sus piernas….

Eyaculé, una eyaculación increíble, sentía que mi verga iba estallar, sentí una eyaculación muy prolongada y sentía que estaba derramando una cantidad increíble de semen dentro de ella.

Incluso como llegaba todo ese esperma hasta mi pantalón ya que no cabía en aquella puchita deliciosa.

Alicia se saco la verga de dentro hizo que me sentara en el sillón y ella se arrodillo frente a mi y se puso a chupar como loca mi parada y muy mojada verga, la chupaba durísimo parecía que se la quería devorar me la mamaba bien rápido y con mucha fuerza incluso provocó que me salieran unas cuantas gotas mas de esperma que ella se tragaba con ánimos y gusto, lamia el semen que se había derramado en mi pantalón, era un semen muy espeso y grumoso, a ella le encantaba y cada vez se ponía mas frenética yo sentía que me quería arrancar la verga a chupones, me daba fuertes chupones en la  cabeza de mi erecto miembro con una mano me masturbaba y me metía la mano al pantalón para sobarme los huevos y con la otra mano se masturbaba ella, metía sus dedos el su vagina en forma de cuchara y los sacaba impregnados del semen que estaba dentro de ella, se los tragaba como una golosa, era una buena cantidad de esperma la que ya se había devorado y aun quería mas. Yo tenia la verga aun parada y con ganas de mas.

?

Así que la tome de los cabellos, de la nuca y le metí la verga lo mas profundo que pude, mi falo no es muy grande así que le cupo todita, me baje el pantalón para mayor comodidad y me empecé a coger esa rica boca que mamaba como toda una puta profesional y caliente, le metia toda la verga a su garganta y con la lengua alcanzaba a lamer mis huevos, me cogí con furia a esa boquita, estaba todo tan baboso, escurría su saliva mezclada con mis jugos, incluso me mordía levemente la verga, me excitaba muchísimo eso, sentir sus dientes tocando la piel de mi dura verga, ella se seguía masturbando, se tocaba con ambas manos ahora, se metía los dedos con furia y se tallaba el clítoris con fuerza, ella gemía y gritaba como loca aun con toda mi verga dentro de su boca, me imagino que nuestros gritos se oían hasta afuera, yo también gritaba y resoplaba con fuerza, era una escena muy muy cachonda y obscena.

Me calentaba mucho sentir sus parados pezones rozando con mis rodillas y mas aun me calentó sentir sus fluidos mezclados con mi leche en el piso, ya que estaba descalzo y se sentía ya el piso todo mojado y resbaloso, ella se estaba viniendo, estaba sacando todos sus líquidos y tenía un orgasmo inmenso, tenía los  ojos abiertos, pero en blanco, estaba ida, y estaba disfrutando cada momento de ese placer que sentía, yo nuevamente estaba por desbordar todo mi semen, esta vez no se lo hice saber y la tome y con mas fuerza me empecé a coger su hocico le metía lo mas profundo que podía mi verga, sentía como entraba en su garganta y ella luchaba para no ahogarse, parecía que iba a vomitar pero le gustaba le fascinaba, hasta que eyaculé nuevamente una gran cantidad de espeso esperma, se sentía muy caliente, ella gemía y resoplaba, sentía el calor de su boca en todo mi Falo, Alicia luchaba por no ahogarse ya que tenia toda mi verga clavada, hacía ruidos extraños como si fuera a vomitar, como si hiciera gárgaras.

La solté, se saco la verga de la boca y un hilo largo y baboso quedo colgando de su boca a mi verga, era un hilo de saliva y esperma, era muy obsceno ver eso, seguía saliendo liquido de mi verga, se veía como lloraba el ojo de mi cabecita estaba todo rojo mi pene casi morado. Alicia no se había tragado mi leche y la empezaba a sacar con dificultad de su boca ya que ya que tenia mi esperma metido hasta su garganta, empezó a mojar mi verga con mi propio semen haciendo hilos largos de esperma y saliva, la escupió toda en mi verga y huevos y después se dispuso a disfrutar de su postre que se había preparado…

Era riquísimo, mi pene aun palpitaba y ella lo sentía dentro de su boca, saboreaba cada gota de mi esperma y me decía cosas muy obscenas sucias, me decía que estaba riquísimo mi esperma, que sabia increíble que era el mejor que había probado que le encantaba sentir como palpitaba mi verga dentro de su caliente boca, Alicia se trago todo, su saliva, mi esperma, en mi verga y en su boca quedaba el aroma del sexo, y la textura, era algo pegostiosa pero muy obscena y rica.

Mi verga seguía parada y aun quería mas pasión y Alicia estaba de acuerdo en seguir pero le dije que no, ya que mi madre llegaría en cualquier momento.

Estuvimos platicando, viendo tele, y quedamos en que quizás no seriamos nunca una pareja formal pero que esto se podría repetir con frecuencia, ya que ella se había vuelto adicta a mi caliente leche. Yo aun seguía impactado de su forma de actuar, era toda una perra en el sexxxo y me resultaba increíble y fascinante la forma en que Alicia se expresaba, sus frases calientes y obscenas.

Después nos seguimos viendo y experimentando mucho placer y cosas sucias y obscenas. Alicia vivía sola con su madre ya que su hermano se acababa de casar y se había ido a vivir a otro lado, por lo que todas las sesiones de sexo fueron es su casa, en su sala, su cocina, su comedor, su cuarto. Alicia se había vuelto adicta a mi semen y ella me lo hacía saber, siempre que cogíamos el punto principal era la degustación de mi esperma, a ella le encanta de todas formas, a veces eyaculo abundante a veces poco, a veces muy espeso otras veces muy liquido, a ella le encanta de cualquier forma y le gusta mucho experimentar con mi esperma siempre con la finalidad de tragarlo y de probarlo.

Lo hemos hecho de muchas formas, le he servido mi semen en platos, en copas, vasos, cucharas, lo ha combinado con mucha comida, con helado, chocolate, incluso pizza dice que le da un sabor y un sazón esquicito a todo, mi semen a estado en todo su cuerpo, y siempre se lo traga después… a estado en su cabello, en su ano, sus senos, su cuello, piernas, nalgas, a ella le encanta en especial comerse mi esperma cuando sale de su rico y caliente ano, dice que sabe diferente. A mi en lo personal me encanta llenarle el culo de leche y su boquita ya que ella sabe bien como jugar con el, lo escupe y lo vuelve a tragar, hace gárgaras, hace burbujitas de semen, es todo una experta en el trato de mi esperma incluso a llegado a guardar frasquitos llenos de mis fluidos, dice que para tragárselos cuando yo no se lo pueda dar personalmente, dice que calentados en el horno le saben riquísimo.

Así hemos estado desde la primera vez, cada vez con menos frecuencia ya que cada quien tiene sus ocupaciones y yo por ejemplo tengo otras mujeres que satisfacer, además creo que ya agotamos las formas de perversiones con el semen, de cualquier modo ella sigue con la boca y todos sus orificios abiertos para que los llene de mi rico y caliente esperma….

Me gustaría conocer y contactar mujeres por este medio, busco encuentros sexuales en vivo, me gusta mucho satisfacer a las mujeres y disfrutar mucho del sexxxo, soy limpio y educado, me cuido mucho aunque no lo parezca, estoy sano!!!

Mujeres contáctenme para divertirnos, talvez primero conocernos por Internet o por teléfono, Soy del D.F, tengo 22 años… y puedo hacer realidad tus perversiones y deseos sexuales…

Les puedo mostrar fotos mías, de mi rostro y mi cuerpo… en el primer relato que publiqué agregué algunas fotos para que las chequen.

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Sentí el roce de tu pelo en mis piernas, las caricias suaves de tus manos en mi vientre, apenas tocándome la piel con las yemas de los dedos. Abrí los ojos y me cegó un tibio rayo de sol filtrándose furtivamente a través de una rendija de la persiana. Reprimí un bostezo al desperezarme y te di los buenos días. Levantaste la cabeza, buscando mis ojos soñolientos y, sonriéndome, reclamaste mi silencio con un leve siseo escapado de tus labios.

 

Estabas desnuda, estábamos desnudos… Tan desnudos como empezamos la noche. Habíamos detenido el tiempo haciendo, rehaciendo y deshaciendo el amor, sin importarnos los gritos desbocados y las palabras susurradas, sin importarnos un mundo que no existía más allá de tu cuerpo casi adolescente y del mío, tenuamente marcado por las cicatrices del tiempo. Nos habíamos devorado como animales salvajes, fundiéndonos las carnes y los sexos, hasta caer rendidos y jadeantes sobre las sábanas arrugadas. Y así nos dormimos, desnudos, el uno junto al otro, con tu cuerpo perfectamente encajado en el mío, tu brazo rodeando mi cintura, mis nalgas apretadas en tu pubis, tus pechos aprisionados contra mi espalda.

 

No te oí despertar ni levantarte. Pero, a buen seguro, mi cuerpo debió sentir el frío de tu cuerpo despegado y ausente. Cuando abrí los ojos, al reclamo de tus caricias y del roce de tu pelo, estaba boca arriba. Tú, en el filo de la cama, tus piernas abiertas y las rodillas clavadas en las sábanas, a la altura de mis pies, casi rozándomelos con tu carne. Tu tronco vencido hacia delante y tu espalda arqueada me permitieron contemplar la excitante elevación de tus nalgas, al tiempo que noté el calor de tus pechos posados sobre mis muslos.

 

Solo durante un breve instante levantaste la cabeza, para sonreírme y reclamarme silencio. Con intensa rapidez, tus manos recorrieron mi piel hasta detenerse en mi pecho. Y allí tus dedos se aprestaron a jugar con mis tetillas, pellizcándolas suavemente hasta endurecerlas, mientras apretabas y deslizabas tu cuerpo contra el mío, como una gata melosa en busca de caricias. Tus labios húmedos sobre el vientre, tus pechos rozándome la flácida piel de mi verga aún dormida. Y vuelta atrás, en un camino de regreso con tu boca surcando las huellas que tus pechos dejaron sobre mi carne.

 

Cerré definitivamente los ojos cuando tus labios mordieron suavemente la piel del escroto, cuando tu lengua trazó los primeros surcos de saliva en la base de mi verga, ascendiendo por el tronco lentamente, intercalando cálidos besos con la humedad de tu lengua deslizada hasta alcanzar la punta aún reposada sobre el vientre. Sentí una oleada de sangre y fuego recorriéndome las venas, llenando los vasos de mi verga para hacerla crecer a las órdenes de tus labios y de tu lengua.

 

La alzaste, aún incompleta su erección, sosteniéndola delicadamente con tus dedos pulgar e índice asentados en el tronco, elevando y descendiendo la piel con extrema lentitud hasta dejar el glande completamente al descubierto. Cerraste los labios sobre él, sin detener el movimiento de tus dedos, impregnando de saliva toda su superficie, besándolo, mordiéndolo, chupándolo, circundando la corona de carne, recorriendo el frenillo con la punta de tu lengua. Me estremecí con un escalofrío que sacudió mi columna vertebral y que me hizo gemir cuando dibujaste calientes estelas de saliva sobre el tronco de mi verga, cada vez más endurecida al contacto de tu boca, marcadas las venas sobre la piel mojada, desplegada y plegada por tus dedos, atrapada por el placentero vaivén de tus labios cerrados para dominarla en el interior de tu boca.

 

Allí jugaste con ella, como una niña que chupara lascivamente su ansiado caramelo, llevándola y trayéndola de las mejillas al paladar, metiéndotela y sacándotela de la boca a tu capricho, por momentos vigorosa y suavemente a ratos, entre leves gemidos apenas susurrados, como una gatita en celo que maullara por el placer ofrecido y entregado. Rebañaste con la punta de tu lengua las primeras gotas de mi esperma agitándose en el interior de mis genitales, el primer indicio de mis jugos calientes de hombre seducido y conquistado por tu ardiente hermosura, por la electrizante sensualidad de su niña, por el fuego volcánico de su hembra. Arrastrándote sobre mí, asiste mi verga con tus pechos, apretándolos con tus manos para hacerla prisionera de tus dos redondos plenilunios que oscilaron, arriba y abajo, deslizando la carne como en una honda penetración de tus nalgas simuladas en el redondo paraíso de tus hermosos senos inflamados de deseo.

 

Tus jadeos se fundieron con los míos cuando tus piernas apretaron mis piernas para poder frotar tu sexo contra ellas. Percibí el temblor que te domina siempre que te aproximas a alcanzar el orgasmo y contagié mi cuerpo de los espasmos de tu cuerpo agitado por el placer. Conquistada su cima, te volviste salvaje por tu propio desenfreno, anhelando arrancar el mío para lograr un único placer compartido. Y en las profundidades de tu boca lujuriosa, apresaste mi verga nuevamente y la hundiste hasta el fuego de tu garganta, gimiendo con la respiración contenida, detenidos tus labios sobre la base, tu nariz enredada en el vello de mi pubis, tu barbilla rozando mis testículos.

 

En el último retroceso apretaste la carne entre tus labios que subieron por el tronco con delirante parsimonia, haciéndome arquear la espalda y gemir por el placer. Tu lengua buscó por última vez la hendidura por la que habría de brotar el blanco maná del orgasmo anunciado entre gemidos. Detuviste un beso en el glande, con tus labios cerrados y tiernamente posados sobre su rosada superficie, mientras tu mano culminaba los últimos movimientos, intensos, profundos, veloces, arriba y abajo, apasionadamente, desenfrenadamente, hasta que brotó el esperma caliente a chorros, inundando la flor cerrada de tus labios, cayendo como un río de lava caliente sobre la piel de mi verga palpitante hacia tu mano aún afanada en los suaves vaivenes finales para bombear y hacer manar hasta la última gota de mi semen.

 

Como una gata melosa, trepaste por mi cuerpo deslizando el tuyo, dejándome besos de semen y saliva en el vientre y en el tronco, lametones calientes en mi pecho y en mi cuello, hasta que tus ojos encontraron los míos, otra vez abiertos, para perderme en ellos, mágicos y hermosos. Sentí el calor de tu pelvis aplastando mi verga todavía endurecida contra tu vientre y el mío y el suave roce de tus pezones en mi pecho. Te susurré un “buenos días, niña, mi amor”. Tú sonreíste y silenciaste mis labios sellándolos con los tuyos con un beso profundo que sabía a mí, que sabía a ti. Y allí quedamos, desnudos y despiertos, con el tiempo detenido sobre las sábanas arrugadas y con la ardiente geografía de tu cuerpo casi adolescente sobre el mío, tenuamente marcado por las cicatrices del tiempo.

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Mi nombre es Gustavo y me gusta ir de vez en cuando a la disco, aunque tengo novia, lo mejor es ir sólo o acompañado de un cuate, porque uno nunca sabe que es lo que va a pescar. Bueno, es que a la noche disco que me agrada ir, es como muchas que habrá en México, que puede entrar cualquiera que tenga dinero para pagar y embriagarse tanto como quiera, no como en otros lugares donde te escogen por tu forma de vestir o si eres alto o bien parecido.

 

En fin, que ese día me bañe, me cambié y pasé por un amigo para ir a divertirnos; antes nos echamos unas cervezas en un bar, para entonarnos. A la entrada de la disco estaba realmente lleno, pero esto no molestaba tanto, porque te permitía ver a las niñas que llegaban a divertirse: Unas iban forradas en un pantalón de mezclilla que dejaba ver su tremendo culo, algunas otras con unas falditas que te provocaban una erección nomás de verlas. Aunque algunas iban con sus novios, ya se sabe que en éste lugar se va a presumir la nalguita y a agarrar lo que se puede… y lo que no también.

 

Pues bien, aquel día decidí vestirme ligeramente, sólo con un pants, playera y tenis, pues no tenía la intención de exhibir nada, pues no soy muy galán, ni tengo un cuerpo atlético. Como lo dije anteriormente, pasamos a un bar, nos tomamos unas cervezas, cotorreamos a unas meseras y luego, a eso de la medianoche estábamos entrando. Para empezar, pedimos dos cubetas (seis cervezas bien frías con su dotación de hielo) y pues ya estábamos serviditos, fui a bailar a la tarima donde hay chicas y chavos bailando solos, me situé atrás de una chica que no tenía un cuerpo muy escultural, pero tenía unas nalgas duritas que pude sentir por la delgada tela del pants. Para medir el terreno y un poco por el estrago del alcohol, me importó poco y me saqué el miembro de la truza y quedando en contacto casi piel a piel con sus piernas primeramente que eran gruesas y de carnes firmes, pensé que se voltearía a darme una cachetada o al menos a mentarme la madre, o peor, que su novio o algún acompañante me echara bronca, pero por lo visto iba sola… y que bueno, porque no estaba dispuesto a quitarme de ahí. Pues nada, la chica bailaba el reguetón como si estuviera poseída, y yo encantado por ello, porque cuando se agachaba enseñaba la tanguita a quienes estaban en la pista, pero además, tenía la oportunidad de pasarle mi pedazo por la espalda, de inmediato se me empezó a endurecer, y creo que la moña se dio cuenta, porque más se agachaba y se pegaba a mí embarrándose mi pene por todo el cuerpo y yo feliz, con una mano en mi cerveza y la otra rozándole las piernas.

 

Al bailar, ella movía las manos y en cierta ocasión, tal vez sin querer, me agarró el paquete, pero ni se inmutó, siguió bailando como si nada, bueno, pensé, quizá fue accidental, pero noooooo. Como a la tercera ocasión en que lo hizo, de plano me la agarró y estuvo bailando de pie, moviéndose despacito, aparentemente, viendo desde la pista, era normal su actitud, su mano derecha la tenía en la ataque de degenerado (yo), pero en realidad me estaba apretando el palo y acariciando la cabecita al darse cuenta que nada había entre su mano y mi miembro, mas que la telilla azul de mi pants. Así pasaron dos canciones y sus dedos me acariciaban la orillita del glande haciéndome cosquillas y esos levantotes de verga que, por lo que parecía, le encantaban, porque reseguía pasando las uñas por todo el miembro.

 

Me la soltó y le dije al oído si quería una cerveza, no me contestó y me la quitó de la mano y sin decir más se la empinó terminándosela. La invite a la mesa, pero me dijo que ahí estaba pasándosela mejor. Bueno, por mí no hay problema, pensé, si continúa haciendo lo mismo; como al principio, bailábamos pero esta vez me empecé a mover hacia arriba y abajo, haciendo que mi pene saltara y le diera pequeños golpecitos en su trasero, que movía como loca. Cuando sintió mi pene golpear y levantar un poquito su falda se quedó quieta, sin moverse, tal vez le sorprendió mi actitud, pero no sé si estaba ebria, o drogada (después me daría cuenta que ninguna de las dos cosas), pero le importaba poco que la vieran quienes estaban atrás de la tarima como se repegaba a mí sintiendo toda mi virilidad. Le susurré en el oído nuevamente que si quería una cerveza:

 

Pero si ya no tienes. Dijo señalando mi mano con el envase vacío.

En mi mesa hay dos cubetas (mi amigo había comprado más), si quieres vamos por una.

Está bien, aprovechando voy al baño

 

La niña se fue al baño meneando sus caderas y moviendo su faldita negra, provocando la mirada de muchos y mi amigo me pregunto en cuanto llegué a la mesa que cómo le había hecho para que esa diosa me hiciera caso, a lo que le contesté que mejor ni me preguntara, porque no sabía como pero ya se estaba cocinando. Cuando la muchacha se acercó a la mesa, la vi más buena de lo que la había notado en la tarima y entendí lo que me había preguntado mi cuate. Vinieron las presentaciones y hasta entonces supe su nombre:

Hola, como estás, me llamo Pamela

Yo soy Alejandro, dijo mi amigo poniéndose de pie, aunque un poco tambaleante por el alcohol.

Mi amiga estaba bailando, pero nos ha dado sed y vinimos por unas chelas, comenté, mientras mi amigo, entendiendo la situación apuraba su cerveza para irse.

Bueno, en un ratito regreso, voy a buscar a mi hermano que andaba por aquí, mucho gusto, y se fue.

¿Y con quien vienes Pamela?

Vine con una amiga, pero nos molestamos y se fue.

Pues ¿qué le hiciste?

Nada, encontró a un ex novio y se fueron a platicar a otra parte y a mi me dejaron como pendeja.

¡Que bueno! Porque si no, no te habría encontrado en la tarima.

¿Y tu solo vienes con Ale?

Claro que sí, para divertirnos no hace falta muchos. Al decir esto, me acerqué a ella rozando nuestras piernas, fue que quedamos más juntos y pudo ver mi erección que no me preocupé en ocultar.

Veo que te ha puesto muy alegre la cerveza, dijo, señalando con la mirada el bulto que se me había aparecido entre las piernas.

La cerveza no es tan excitante como sentirte bailar junto a mí, le dije al oído, mientras me agarraba el bulto.

Y se ve que es grande, me dijo poniendo su mano izquierda y arañándome la cabeza del miembro. La verdad es que fue un piropo, porque no tengo una herramienta de actor porno, 17 o 18 cm.

 

Sin pudor alguno me la empezó a acariciar mientras la abrazaba y le besaba el cuello, diciéndole que me encantaba lo que estaba haciendo y provocando con mi aliento que ella también se excitara tanto como yo. “Si eso te encanta, prepárate a sentir la mejor experiencia de tu vida” me dijo con una voz tan cachonda que sentía que la leche burbujeaba en mis huevos. Estábamos sentados en una sección en la que casi no da la luz y el mesero solo se acercaba cuando le hacíamos una seña, así que no hubo ningún problema para que deslizara lentamente mi mano desde su rodilla hasta la orillita de su tanga que, por lo que sentía, es de aquellas que son sólo un triangulito que cubre la parte delantera y un hilo entre los cachetes del culo. Al sentir el borde, mi verguita dio un respingo y más aún cuando, con mi dedo índice la hice a un lado para jugar con el dedo corazón y ¡Oh sorpresa! No tenía ni un solo pelito, era la panochita más depilada que había tocado en mi vida, y además de eso, bien mojada.

¡Qué mojada estás!

Es lo que provocas con esa lengua sobre mi cuello.

La piel de tus labios es tan suave como la de un bebé. Me refería a sus labios vaginales.

Y tu miembro es tan duro como un palo. Pero nos demoró poco la decencia.

Quisiera comerme este chocho que parece un helado derritiéndose con el calor, debe estar delicioso, se siente caliente y deseoso de ser chupado.

Déjame morderte un poco la verga, me gustaría hacerlo.

 

Aprovechando que nadie pasaba por ahí tiró unas monedas que recogía una a un, mientras mordisqueaba mi miembro erecto por encima del pants, pero era como si lo hiciera directamente, además que tenía un piercing en la lengua que me hacía cosquillas en el glande. Nadie se dio cuenta de lo que hizo, y cuando se incorporó me dijo:

¿Te gustaría sentir más? Agarrándome el paquete sobre el pants ensalivado.

Me muero por sentir ese aretito recorrer mi pene.

 

Me tomó de la mano y me llevó al baño de mujeres, entré rápidamente para evitar que me sorprendieran los guaruras y me sacaran del antro. Nos metimos a un baño y me senté en la taza, desesperada me bajó lo que llevaba puesto y se metió el pene a la boca sin miramientos, lo disfrutaba como un niño que se come una paleta, de arriba abajo, pasándome la lengua, el piercing de la base a la punta, provocándome convulsiones desesperadas. En ese momento, una chica abrió el sanitario sorprendiéndonos con mi pants y mi calzón abajo y Pamela de rodillas devorando mi hombría. La muchacha sólo se dio un paso atrás y dijo “Ups, perdón” y se metió al de junto. Y es que por la calentura se nos olvidó cerrar con seguro la puerta, pero Pamela seguía su labor, lamiendo su caramelo y masajeándome los huevos, esta situación me tenía a mil. Le pedí que parara, que yo sería ahora quien se comiera ese manjar.

 

Cambiamos de postura y ahora yo era quien la tenía con las piernas abiertas y la falda enrollada en la cintura, hice la tanga de lado y metí mi lengua hasta donde pude haciéndola gemir sin tapujos y escuchándose en todo el servicio. No paré de darle lengua a ese chochito tan rico y de vez en cuando a su anito rosa, que también se merecía ser mamado. Pamela se retorcía como culebra sentada en el water y me jalaba el cabello, pero yo estaba necio en chupársela hasta que se le secara, cosa imposible, porque por mi saliva y su excitación estaba bien mojada. Bufaba como toro de lidia y fue cuando abrí los ojos y me di cuenta que… ¡teníamos una espectadora! Era la muchachita que antes había abierto la puerta y ahora estaba observando desde arriba, me imagino que se subió a la taza para poder ver la comida de panocha que le estaba dando a Pamela, pero no me corte y seguí con mi labor. La chica de al lado tenía cara de unos 13 años y veía la cara de Pam y habría los ojos como platos.

No puedo más, tengo que metértela, le dije a Pam.

Métemela ya, quiero sentirte dentro, dale gusto a tu perrita.

Con que te gustan las palabras fuertes, entonces te la voy a meter hasta que me ruegues que te la saque. Y puse mi cabeza en la entrada y abrí sus labios con mis dedos. Sólo te voy a meter la puntita, le dije.

No, méteme tu miembro, quiero que la metas ya.

No, solo la cabecita te va a entrar

No me hagas sufrir y ya entiérrala, me decía jalándome hacia ella.

Pues toma la verga si eso es lo que quieres, y se la metí hasta los huevos de un golpe, que, como ya estaba bien lubricada, no hubo que hacer mucho esfuerzo. Toma, toma, toma, le decía en cada embate.

Si papi, métele el pito a esto golfa hambrienta de verga.

Eres una viciosa, pero ya me voy a venir, no aprietes más tu chocha, que siento que exprimes mi pene y le vas a sacar el relleno.

Pues eso quiero, que te vengas y me dejes adentro esa leche que calenté en tus huevos mientras estábamos en la mesa.

Espera, quiero que te sientes sobre mí y ordeñes sin parar. La niña de al lado, al escuchar esto, se metió a su servicio y cuando tenía a Pamela bien ensartada y dándome la espalda volvió a asomarse, eso aumentaba mi morbo.

Así, así, siéntate en este miembro que le encanta meterse a tu cuevita.

 

Pamela ya no dijo más nada, sólo gemía como animal en celo, hasta que le avisé que me iba a venir:

Me vengo mi amor, me vengooooo. Ella se salió y me dijo:

Aquí, en mi boca, dame tu leche mi niño, quiero probarla. Se dispuso a mamarla y sacarme la leche con la boca, hasta que di un grito y le avisé:

Tómala, tómala, ya llegué, me vengo mi vida. Y la niña abría los ojos cada vez más grandes.

Sí, que rica es…

 

Y se tragó toda la leche que pudo salirme esa noche, me limpió la verga con la lengua, se pasó un kleenex por la panochita para limpiarse su humedad, me limpió también los rastros de su saliva, medio nos arreglamos y con toda discreción salimos del baño.

 

Regresamos a la mesa, llamó al mesero y le pidió su lapicero; en una servilleta me anotó su teléfono y me pidió que la llamara al día siguiente. Yo no me lo creía y sólo atiné a decirle: gracias. Se llevó una cerveza y la seguí con la mirada. Se detuvo junto a la tarima y bebió apresuradamente la chela. La seguí, le dije al oído que me encantó lo del baño. Apresuró la bebida y me dijo: espero tu llamada. Me ofrecí a llevarla pero me despreció. Mi amigo no me creía lo que le platicaba y yo no me esforcé por convencerlo, total, el gusto es sólo mío.

 

Al día siguiente marqué el número que me había dado con la esperanza de volvernos a encontrar, y el número simplemente no existía, no había sido asignado. Volví el sábado siguiente con la esperanza de volverla a ver, pero hasta ahora no la he localizado y de eso ya pasó un año. Pamela, si algún día lees este relato, quiero decirte que te estaré esperando siempre.

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