El verano anuncia su llegada. El paseo, cubierto a los lados con frondosos árboles de generosa sombra, me recuerda el camino que tomaba para ir al colegio.
Eran los últimos días de clase del último curso. A la tensión de los exámenes y el relax de las clases posteriores, se sumaba la emoción de la despedida cercana. Adiós al uniforme, adiós a las intrigas quinceañeras, adiós a los atracones de dulces de los viernes tarde, adiós a la Srta. Rocio… Después del verano empezaría mi vida adulta, las salidas ocasionales a la discoteca, tal vez mi primer novio… Una vida nueva anhelada hacia tanto tiempo pero que, entonces, al sentirla tan inminente, me acobardaba y me hacía desear volver a ser como las niñas de primer curso que corrían por los pasillos sin más preocupación que llenar su armario de prendas escuetas de tela y a la última moda para las vacaciones que se avecinaban.
Las chicas estaban nerviosas con los preparativos de la función de final de curso. Tal vez por ese motivo o porque hacía días que confiaba más en mi memoria que en la agenda, olvidé acabar la redacción para la asignatura de Lenguaje. La Srta. Rocío no es de las que regañaban en público o castigaban con salir del aula, a ella le bastaba con una mirada intensa y hacerte quedar después de clase para imponer respeto. Me llamó por mi nombre para que leyera mi redacción ante las demás.
- No la tengo acabada –dije tímidamente.
Me miró profundamente, elevando los ojos por encima de las gafas, inspeccionándome de arriba abajo, tal vez durante un segundo pero a mi me parecieron horas interminables, y contestó:
-Quédate después de clase.
Me senté y ella llamó a otra alumna más aplicada. La voz dulce y todavía infantil de mi amiga resonaba por toda el aula. Las ventanas abiertas para que corriera el cálido y aromático aire de junio, distrajeron mi atención, poca atención puesto que en mi mente resonaba todavía la amenaza de la maestra: sus palabras cargadas de fuerza y autoridad. Intenté relajarme, concentrarme en las redacciones de mis compañeras, dejar de mirar el reloj de pared que anunciaba los minutos que quedaban para mi castigo y olvidar lo que eso significaba.
Sonó el timbre que avisaba del término de las clases de la tarde, las alumnas fueron recogiendo los libros de su pupitre y guardándolos en sus respectivas mochilas o carteras. Las risas, comentarios jocosos y conversaciones variadas, se sucedieron con naturalidad a la paz anterior. El corazón me latía con fuerza, sentía mis mejillas enrojecer y acalorarse. No quería reflejar nerviosismo pero era inevitable y me movía incómoda sentada en la silla con la ropa interior pegada a mi piel debido a la humedad. Al salir la última alumna, me miró conteniendo una risilla y cerró la puerta tras de si.
De nuevo silencio, calma. Podía oír el murmullo femenino en el jardín, a las puertas del colegio, para mi todavía no había llegado la hora de volver a casa. La Srta. Rocío había recogido su mesa y extrajo del cajón una regla de medio metro, de plástico duro aunque flexible. La colocó de golpe encima de la madera produciendo un chasquido que a mi me sonó atronador. Se levantó y dijo:
-No quisiera bajarte la nota por culpa de esta redacción. Tu examen final ha sido de los mejores, lo mismo los trabajos de todo el curso. Preséntame mañana la redacción y la sumaré a la nota.
Creo que acerté a pronunciar “gracias” aunque la boca seca y la saliva pastosa que se atragantaba en mi garganta no me dejaban hablar todo lo claro y seguro que me hubiera gustado. Luego ella me hizo levantarme; yo temblaba, no había dejado de temblar desde que sonó el timbre; e hizo una señal descendente con la mano… Sabía bien lo que significaba, todas lo sabíamos, los castigos de la Srta. Rocío eran únicos.
Llevé las manos debajo de la falda para asirme las tiras de las braguitas y las deslicé por las piernas, levantando luego con cuidado cada pie y estirando bien la prenda para evitar que se ensuciara con la suela de los zapatos. Estaban tan mojadas como temía, avergonzada de que se diera cuenta, las hice un ovillo y las metí dentro de mi mochila. Me dirigí hacia ella y apoyé el pecho y la cabeza sobre su mesa alta de profesora. Ella me miraba desde arriba, podía sentir su calor, su sonrisa viciosa. Se situó tras de mi, tomó la regla y me levantó la falda. Yo esperaba de un momento a otro su gesto agresivo pero ella se mantenía a la espera, disfrutando de la respiración entrecortada que revelaba mi sufrida expectación.
De pronto “chas! chas!”, las nalgas me ardían y apreté con fuerza las piernas tratando de contener el dolor. Sus manos se posaron en la piel irritada… tragué saliva, podía notar la humedad caliente resbalándome por el interior de las piernas, ella también se dio cuenta. Sus dedos se agarraron firmemente a la carne y me fue abriendo poco a poco contemplando los dos orificios que se mostraban obligados ante sus ojos. Deslizó un pulgar hasta la cavidad brillante y pequeña y lo resbaló sin compasión hacia el interior. Yo no podía hacer otra cosa más que recibirlo, ese dedo sabio que se apretaba con firmeza, palpando las paredes sumisas que no podían rechazarlo. Luego acercó su otro pulgar a la entrada más cercana e inhóspita y empujó con fuerza y decisión hasta introducirlo por completo. No pude reprimir un gemido de dolor. Eso la satisfizo y apretó con más violencia hasta hacerme sentir el nudillo. Entonces buscó con el índice el vértice de mi sexo y lo frotó con no menos brusquedad.
Asida de esta manera, ella impuso su dominio. Sus dedos iban y venían, distinguía con exactitud cuando acelerar, cuando detenerse y volver a arremeter con furia. Su respiración en mi espalda delataba el esfuerzo, yo, en cambio, trataba de controlar mis suspiros, mis gemidos, pero era evidente que mi cuerpo se hallaba al límite del éxtasis. En un último intento por evitar estallar, oprimí mi interior atrapándola y negándole la posibilidad de moverse. Luchó por liberarse y, al conseguirlo, rechazó cualquier sentimiento de piedad hacia mi, atacándome con todo su vigor, con una violencia desconocida… Escozor de fuego, mi vientre desnudo clavado contra el borde la mesa, el pecho oprimido, la respiración en vilo… silencio… Entonces un grito surgió de lo más profundo de mis entrañas. Las convulsiones se sucedían una tras otra. Mi cuerpo cautivo entre las manos de la profesora, se sacudía como un animal enjaulado, desesperado. Y aún cuando era evidente que me había rendido, que aceptaba la sumisión impuesta, ella no me dejó descansar.
Agotada, tendida en la misma postura sobre la madera humedecida por el sudor, las piernas débiles, como de muñeca de trapo, sin ánimos de querer aguantar mi peso, sentí por fin que ella se retiraba. Engaño de la ingenuidad que todavía conservaba a esa edad. Se retiró, sí, pero para poder observar mejor su obra, su castigo. Consideró que no era suficiente y aprovechó el abundante flujo que rezumaba de mi torturado sexo para probar de introducirme más de un dedo a la vez. No pude distinguir si eran dos, tres o cuatro, sólo sentí que me ensanchaba por momentos y que mi interior respondía inconscientemente a las caricias, a las presiones. El placer me invadió de nuevo, un placer distinto, más callado pero también más intenso. Creí morir, perdí la memoria, el sentido de la realidad y de mi misma… Dejé de ser cuerpo para ser una célula de placer recorriendo mis venas a gran velocidad…
Ella se dio cuenta y se mostró complacida. Volvió a salir de mi y me regaló un par de azotes cariñosos para indicarme que tocaba levantarme y cambiar de postura. Pero yo estaba sin aliento, jadeaba lastimosamente luchando por impulsar fuerza a mis brazos, apoyarme en ellos y poder darme al menos la vuelta… imposible. Me tomó de los hombros, me tiró hacia atrás sin miramientos y me obligó a arrodillarme. Se colocó delante de mí. Tuve miedo de alzar la mirada, de provocarla, pero la curiosidad me pudo más y la contemplé de reojo.
La Srta. Rocío era la mujer más bonita de todo el colegio, brillaba con una mezcla de juventud y madurez. De hecho debía ser la mujer más hermosa de toda la ciudad, al menos de todas las que había visto. Su mirada melosa y penetrante, sus largos y negros cabellos que caían pesadamente sobre sus hombros y alcanzaban la cintura en mechones lisos de una perfección sublime, la femenina figura de graciosas curvas, las piernas perfectas elevadas por finos tacones y su falda tan primorosamente tallada que marcaba sinuosamente las caderas… la admiraba tanto.
No me dejó tiempo de recuperarme, se situó de pie sobre mi, con una pierna a cada lado. De nuevo me convirtió en prisionera, me sentí atrapada entre sus piernas, cubierta por la falda, sin luz, sin aire. Levantó su vestido y agradecí la brisa que entraba por la ventana y que me sacudía ligeramente el flequillo sudoroso de la frente. Estaba claro lo que esperaba de mi. Quise negarme pero recordé las historias que se cuentan en el colegio, leyendas estudiantiles para atemorizar a las chicas pequeñas. Hablaban de los castigos horribles que imponía la Srta. Rocío a las desobedientes e indisciplinadas, hablaban de objetos… De pronto, los inofensivos artilugios que formaban parte de la clase: borrador, tizas, lápices, el pomo de la puerta, los papeles y desperdicios de la papelera, los prismas y cilindros… me resultaron amenazadores. La profesora no me dejó tiempo para meditarlo más, me aferró la cabeza con ambas manos y empujó mi boca hacia su cálido y perfumado sexo. No llevaba ropa interior, al menos una parte de las leyendas era cierta.
Su espeso vello me hacía cosquillas en la nariz. El olor era peculiar, agradable y dulzón pero fuerte. Estiré la lengua para recorrer todo el largo de la abertura que se imponía sobre mi rostro. La Srta. Rocio me iba moviendo la cabeza a su conveniencia, yo me dejaba hacer para no disgustarla pero me esforzaba con la lengua y los labios, chupando, lamiendo. Noté que mi maestra estaba excitada, el sexo hinchado y un bultito duro y palpitante que sobresalía en el extremo superior así lo indicaban. Me apretó con más fuerza a medida que el placer crecía, no me atreví a contradecirla pero me falta el aire…empleé mis últimas energías en avivar los movimientos y acabar pronto con esa agonía.
El orgasmo le llegó con elegancia, como todo en ella. Fue lento y largo, yo me dejé llevar, como una barca a la deriva mecida por las olas. Mi boca se inundó con el flujo tibio, espeso, claro, de sabor indefinido, a veces dulce, luego salado, incluso ligeramente amargo… pero agradable. Y bebí, puesto que no podía hacer otra cosa, bebí todo lo que me ofreció.
La echaré de menos, pensé, cuánto echaré de menos los últimos días de clase.
Tags: Relatos Eroticos - LesbicosSon las 3 de la mañana, el silencio de esa hora, hace que pueda detectar, más fácilmente los sonidos de mi piel, está caliente, lo reconoce mi cerebro al sentir el deseo de sentirme entre las manos, los labios de alguien que me excite aún más.
Ahí ahora, descubro que me duele tu ausencia, por el deseo de sentirme desnuda en ese instante y tenerte cerca para poner mis senos cerca de los tuyos, para mirarte con las ganas de hacerte saber que te deseo, sentir tu lengua en mi boca, como acaricias mis dientes, mi lengua, la subes, la bajas, mi mente la siente entre mis muslos, me estremezco, aprieto mi deseo con la fuerza de mi vagina. Mi cuerpo se llena de más ganas, estoy pensando en ti.
Ponerte mis senos en tu boca, verte ahí, ver tu lengua subir y bajar, tus ojos cerrados, tus dientes, tu deseo vertiginoso que chupa, succiona, lame, ver el pezón duro, parado, respondiéndote, tu mirada no la sé pero la siento, la adivino, pues tus ojos cerrados y apretados es la mirada escondida, de repente los abres y me miras, veo en ti, el engaño de tu lengua, la infidelidad de ella sobre mi piel, me excita aún más, con posesión me tomas como las tomaste a ellas, a tantas, a todas, para tu lengua soy una, una más, otra, pero la misma.
Aprieto mas mis piernas, te deseo, tu respiración en mi oído, tus palabras calientes, infieles, fuertes, todo esta en descontrol, estorba la tanga, pues a mis movimientos la tela lastima mi clítoris que esta con ganas de sentir tu lengua recorriéndolo, lo pienso, lo deseo, más no te lo digo, ciertos pudores lo acallan, pero siento tus manos, recorrer mi vientre, me muevo para que caigan en mis nalgas y sentir tus manos fuertes, grandes, presionarlas, todo se dilata, me dejo llevar, siento mi humedad, guío tu boca a mi cuello, a mi oído, me encanta sentir tu lengua en esas partes donde me suelo desesperar, me encuentro con tu mirada, la que me penetra el espíritu, me acelera el pulso, me domina, me exige, me ordena, me suplica, me hace saber un deseo animal, como si saliera del mismo centro de la tierra.
Sigo queriendo más, quitas la tanga, te quito la tuya, pones tu pecho en mi boca, me encanta pasarte la lengua por tu pezón, redondos, bronceados, suaves, siento una mujer en mi boca, mis dientes lo toman, lo muerden despacio, de repente tu voz quita a la mujer y me ordena chupe una verga, cierro los ojos y me voy a tu deseo, ahí me imagino, la siento, la chupo, la succiono, la siento tan grande en mi boca que procuro no meterla mucho, siento toma con el interior de mis mejillas, te mueves, empujas mi cabeza para llevar tu deseo y dominar a tu mujer, a esa, que te esta dando placer, a la que te la está poniendo grande, más grande…. Sigo, sientes, te miro, imagino, otras, que pensaste hacían lo mismo en tu verga, aunque ellas tal vez no lo supieran, lo que traían en su boca, siento sus lenguas calientes sobre tu piel, sobre tus senos de mujer y sobre tu pene ardiente, ahí las vuelvo a imaginar, me calienta, me enoja, me excita, me muevo más necesito sentir tus manos en mi sexo húmedo.
Te detengo, quiero escuchar sus nombres, sus historias, cuando le quitaste la tanga a una, cuando convencías a la que no quería con el chiquita, tranquila no pasa nada… me vuelve loca, te deseo más siento el dejarme llevar como la primera vez con ella, tengo el temor, el pudor, las ganas de pararte y decirte no, cuando sabes que me llevarás a un sí, sigues tocándome, introduces un dedo, solo la puntita, susurras a mi oído, ándale si? Me dejas? Me aprieto para sentir más como entras en mi, como mi deseo no aguanta más, así le gustaba, así se lo hacía, palabras, caricias, hacen que más y más me moje, estás dentro de mi, tus dedos son expertos ya en penetrarme, no aguanto más, me muevo a mi ritmo, me dejo llevar por el tuyo.
Mi cuerpo se retuerce de desesperación de placer, sigue, sigue. Me volteas, me lames la espalda, la cara, así de perrito, así le gustaba a otras, me da rabia tu infidelidad, pasada, la disfruto, te siento montada encima de mi, tu peso no me pesa, podría hacerte venir en mis nalgas, me volteo, te tengo arriba de mi, grande, fuerte, decidida, no pides, tomas, me entrego, nuevamente vas a entrar donde te pertenecen las mujeres, tu mujer, te dejo tenerlas, me permito sentirlas, sal, sal de mi una vez más para sentir como entras en otra, para sentirte entrar una vez más y sentirlo diferente, como si otra entrara en mi, porque deje de ser yo misma, me muevo, te siento, te mueves, te pegas a mi, tu cuerpo se arquea, tus dedos se hacen grandes, ahora es tu verga, pues la mueves al ritmo que me penetras, quiero sentirme llena de ti, de tu leche, la cual me anuncias quiero dártela toda, me muevo más, te la aprieto, te la sostengo, siento tus dedos que tocan todo mi interior, ya ya ya no puedo más, la cabeza me da vueltas, tus palabras, ellas, tu verga, mis celos, mis deseos, todo se conjuga, para sentir que me mojo más, mucho, mucho más, hablas sigues, tomas, mueves, penetras, es grande, son expertos son ellas, eres tu, soy yo, ayyyy si siiiiiiiii así yaaaaaa uuuuuuyyyyyy vente conmigo, síguele, cuéntame, hazme, me muevo, te aprieto, me entrego, me mojo mas me rindo, soy tuya, eres mío, un hijo, tuyo, tu leche recorre mis muslos, escurre, sale, todo, junto, sal despacito, estoy sensible, tus manos están mojadas de mi, de ti, de él, de ellas, la respiración agitada, busco tu abrazo, tu pecho, tus besos en mi frente, en mis labios, tu cabello rizado entre mis manos, ahí, me afianzo ahí, te encuentro, descubro tu mirada dulce, tierna que aflora poco a poco para sentir nuestro amor, nuestras ganas, nuestros deseos, tu mano húmeda, sobre mi vientre, que rico, que ganas, estoy excitada, mucho más ahora, no estás, y tengo tantas, tantas ganas… tanta variedad en la cama, estoy húmeda, me aprieto, te deseo, te deseo
.Mi primera experiencia.
Era mi primer año de universidad, era media tímida por lo que no me relacionaba con mucha gente.
En el ramo de Administración, se nos hizo hacer grupos de a dos personas como mínimo, no sabía con quien hacerlo, en eso se me acercó una chica llamada Valeria y empezamos a trabajar juntas.
A esta chica no se le acercaba mucha gente, puesto que era media “extraña”, algo ruda; no se vestía bien, no se maquillaba, jamás usaba faldas, siempre vestía de manera deportiva, en pocas palabras, era poco femenina.
Al semestre siguiente tomamos ramos juntas. Nos tocó uno algo complicado: Finanzas, así que me invito a estudiar a su departamento Domingo por medio.
Ella era de situación acomodada, su familia era de otra provincia y le alquilaban un departamento en la capital para que pudiese estudiar en la universidad, ella vivía sola con una prima.
Nos comenzamos a juntar y nos empezamos a llevar demasiado bien, nuestras notas subieron considerablemente, fruto del esfuerzo. Cada semana me terminaba quedando más tiempo con ella, salíamos de compras al Supermercado, cocinábamos juntas, etc.…
Ella era muy graciosa, a veces me tomaba de la mano y hacia bromas como que éramos pareja. En el fondo de mí, esto me provocaba algo de incomodidad, puesto que en la Universidad se rumoreaba que ella era lesbiana.
El segundo Domingo de Junio, llegué a eso del mediodía a su departamento sin siquiera avisar, ya era se estaba transformando en algo rutinario. En dos días más teníamos el examen final, así que estábamos bastante preocupadas y ansiosas. Como de costumbre, aparqué mi coche en el estacionamiento de visitas, tomé mi bolso, saludé al guardia y subí al piso 15, en donde ella vivía.
Toqué el timbre y me abrió la puerta, puse mis cosas en la mesa, me senté y le dije:
Valeria, no me siento preparada para el examen, vi el programa de estudios y evaluarán una materia que no hemos estudiado, esto está difícil.
Ese día el estudio no rindió como esperábamos y con las horas ya nos empezamos a cansar.
En eso sale su prima del dormitorio, me saluda y se despide diciendo:
Voy a la casa de mis viejos, vuelvo mañana.
Yo ya estaba agotada, así que tomé el notebook, me metí a revisar el correo y encontré un mail del profesor en donde nos avisaba que el examen se corría una semana más.
Emocionada y feliz le dije a Valeria:
Vale!!! Adivina, nos corrieron el examen para la semana que viene!!
En eso ella se me acerca, lee el mail, sonríe y me dice:
Jessica, que buena! Ahora tenemos el día libre para hacer lo que queramos.
Me tomó el rostro con sus dos manos y me dice:
Estoy tan feliz que te daría un beso.
Se me empezó a acercar, me quede helada, no reaccioné, esperaba que me lo diera, pero retrocedió y riendo dice:
- Te la creíste! Jajajajajaja.
Se aleja y me ofrece que veamos una película. Así que nos sentamos en el sillón, apagamos las luces y nos pusimos a ver una de terror.
En un instante me miró a los ojos, apoyo su cabeza en mi hombro, me sentí muy incomoda, pero luego me gustó la sensación de sentirla tan cerca, su respiración. Luego puso su mano izquierda sobre mi pierna derecha, y se dejó caer de apoco, para apoyar su cabeza en mis piernas. Pero mientras iba resbalando, paso a llevar uno de mis pechos, sensación que me gustó aún más.
En ese momento se pasaron mil ideas por mi mente, estábamos solas, los rumores de que ella era lesbiana… serían reales??
Terminó la película, ya era tarde, así que le dije que me iría a casa, a lo que ella me responde.
Jess, no te vayas. Por qué no te quedas esta noche? Mi prima no está y no me gustaría quedarme sola.
Pero Valeria, no traje ni pijama.
Jess, no te preocupes, yo te presto algo.
Bueno, está bien. Me quedo.
Me invitó a pasar a su habitación, me pasó algunos polerones para que me cambiara. Ella por su parte se desabrochó la blusa para ponerse su ropa de dormir, eso dejaba ver parte se su sostén y sus redondeados pechos. Pensamientos sucios pasaron por mi mente: “Qué me está pasando?”
Luego se saco su pantalón dándome la espalda, su ropa interior ajustada se incrustaba en la línea que formaban sus perfectas nalgas. Volteó hacia mí y se quitó el sostén, pude apreciar sus pezones duros, se me acercó, y yo como imbécil me quedé inmóvil. Pasó por mi lado tomando su pijama y dice:
Jess! Cámbiate o piensas dormir así?
Disculpa Vale, voy al baño y regreso.
Salí de la habitación, entré al baño, me miré al espejo y estaba enrojecida. Qué me pasa? Estoy excitada, Valeria me atrae, sus pechos…. Que pasará esta noche? Será lesbiana como dicen las malas lenguas?
Me saqué el pantalón y llevé mis dedos entre mis piernas, estaba húmeda…
Volví a la habitación y le dije:
Valeria, donde voy a dormir? En la habitación de tu prima?
De ningún modo, a ella no le gusta que entren allí, duerme conmigo.
Me saqué mi blusa, me senté en el borde de la cama, saqué mi pantalón, quedé en ropa interior. Ella con el torso desnudo se sienta a mi lado, me mira a los ojos y me da un beso. No aguanté más y me dejé llevar, la besé también.
Se pone de pié frente a mí, se acerca y me saca el colaless, me empuja hacia atrás y se apoya sobre mí, nos volvimos a besar. El roce de sus pechos contra los míos me excita cada vez más. Con suma facilidad desabrocha mi sostén. Yo la freno, la empujo y me apoyo sobre mis brazos, sus pechos quedan a la altura de mi rostro, sus pezones están duros, no puedo evitarlo y se los beso, se los succiono.
Ella me termina de sacar el sostén y empieza a morder suavemente los pezones, nos besamos en los labios, suavemente baja al suelo y arrodillada frente a mí me separa las piernas, siento su respiración entre ellas, mi clítoris está que estalla. Ella lo lame, lame mi vagina, lame mi sexo, muerde mi clítoris, lo chupa, lo succiona, introduce dos dedos. En eso se detiene y busca algo bajo la cama, era un vibrador, lo enciende y suavemente me lo introduce, vuelve a succionar mi clítoris. Yo estoy que exploto, acaricio mis pechos, me retuerzo de placer… un orgasmo, el orgasmo más intenso que haya experimentado jamás se apodera de mi cuerpo y caigo rendida.
Ella se acerca y se acuesta a mi lado.
Jess, hace meses que soñaba con este momento. Te gustó?
Vale, no se que hemos hecho, esto es una locura…
Nos acomodamos en la cama y se quedó dormida. Yo no podía dormir, me sentía extraña. Pero el roce de su cuerpo desnudo en la cama me volvió a excitar, acaricie sus pechos, y me subí a ella, se los empecé a besar. Ella despierta y comienza a agitar su sexo contra el mío. Nos acomodamos de tal manera que nuestras vaginas y clítoris se acoplaban entre ellos. El sonido de la cremosidad, sus gemidos, mis gemidos, era un éxtasis total.
Yo era una bestia y nada me importaba, solo dejarme llevar por el placer…Jess, lámeme…
Bajé a su entrepierna, con temor la empiezo a lamer, el sabor salado de su sexo me excita aún más. El tamaño de su clítoris me impresiona y se lo empiezo a succionar… tomé el vibrador y se lo introduje.
Su clítoris erecto me daba la sensación de un pene pequeño, el cual quería sentir entre mis piernas…
Volví a poner mi sexo a la altura de el de ella, mis movimientos cada vez fueron más violentos, sólo quería sentir su clítoris entre mis piernas, ese pequeño pedazo de carne frotándose contra el mío… al mismo tiempo en que le metía y sacaba el vibrador con violencia… gritando entre espasmos de placer, caemos rendidas…
Al despertar, tomé mis cosas y me marche en silencio, mientras ella dormía.
Nos volvimos a ver el día del examen, pero a penas la saludé.
No respondí sus llamados, me desaparecí de la faz de la tierra y cuando quise volverla a ver me enteré que se había marchado del país…





