Enredo sexual en el Quien es quien,Más ,Una madre,su pareja,su hija,el novio de su hija,su mejor amiga….. Todos ellos acaban juntos y revueltos en una celebracion sexual por todo lo alto; Lésbicos,,juguetitos,Apuntate tú también y te pondrás como una Moto.

Director: Isi Lucas
: Salma de Nora

Formato:
Tamaño: 694 MB
Duración: 95 ‘
Idioma: español
Capturas:

Categorias: Adolescentes , , Hetero , Lésbico , , , Morenas , Orgías , , Rubias , , Vaginal

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Un sábado cualquiera, a horas de la tarde, decidí salir a casa de mis tíos, como solía hacer casi todas las tardes…

Solía ir casi todos los días, no por casualidad, si no porque hacía ya unos meses, que una de las chicas, que vivían en casa de mis tíos, me traía loca. Ella hace unos meses había alquilado una habitación que mis tíos pusieron en el periódico, y desde que ella vive allá, he optado por aparecerme por allí todos los días, solo para dar con ella.

Daniela, es portadora de un cuerpo fenomenal, unas curvas en las cuales cualquiera podría perderse, una bella figura delgada, con piernas muy firmes y unos pechos lo suficientemente grandes como para hacerme perder el control. Yo no tenia conocimiento alguno sobre la vida intima de Daniela, simplemente pasaba horas hablando con ella de cualquier tema de actualidad solo para sentir su mirada que se cruzaba con la mía, y ver esa sonrisa tan espectacular de la cual era dueña.

Un sábado cualquiera, a horas de la tarde, decidí salir a casa de mis tíos, como solía hacer casi todas las tardes… para ver a Daniela. Entré a casa de mis tíos, y noté que la casa estaba sola, mis tías habían salido de compras, mis primas en sus respectivos trabajos, mis tíos de viaje, en fin, no había nadie en la casa… o por lo menos, hasta ese momento.

Me quedé en la cocina preparando algo de comer, ya que había sido una caminata larga para llegar hasta allá, cuando de repente, siento que la puerta del cuarto de Daniela se abre, y efectivamente era ella, que andaba con una pequeña camisa que a penas llegaba a taparle los senos, y un mini short que hacia que sus morenas piernas se vieran muy provocativas. Nos sentamos como de costumbre en la cocina, a hablar de cualquier tema de conversación, del cual yo realmente no estaba muy atenta, ya que estaba completamente pérdida en su mirada, su sonrisa, sus piernas… en realidad, en ella.

Estuvimos hablando por largos minutos, hasta que me dijo que la acompañara a su cuarto a buscar algunas cosas que tenia que lavar. Entro yo primero al cuarto, y detrás de mi viene ella, quien tranca la puerta cuando termina de pasar, cosa que me extraño pero a la vez hizo que mi mente comenzara a volar. Daniela se acercó a mi, mientras colocaba una de sus manos en mi cuello, y la otra en mi cadera, y poco a poco se fue acercando mas para darme aquel beso que encendió de pasión todo mi ser, comenzamos a besarnos despacio, para dar fuero a mas placer y mas deseo. Poco a poco nos fuimos tumbando en su cama sin dejar de besarnos, mientras que ella muy despacio me quitaba la blusa que yo cargaba puesta y me fue desabrochando el pantalón. Yo me deje hacer y deshacer por Daniela, ya que eran tantas noches anhelando ese momento sin saber si podría convertirse en realidad, hasta que por fin llegó.

Lentamente fue desabrochando mis pantalones, mi sujetador, hasta dejarme solo en bragas, y continuaba besándome. Muy despacio yo comencé a quitarle su pequeña camisa, y con la agradable sorpresa de que no traía sujetador, me di la tarea de quitarle el short y dejarla en bragas. Daniela tenía una gran capacidad de volverme loca con sus suaves y sutiles carisias en mis nalgas; pasó una de sus manos por mi entrepierna y metió la mano entre mi braga y mi sitio de placer, comenzó a jugar pasando entre sus dedos mi clítoris mientras yo me estremecía de placer. Terminó por quitarme mis bragas y mientras seguía jugando con mi clítoris ya hinchado por la excitación; poco a poco fue besándome el cuello, hasta llegar a mis senos, besando, lamiendo y succionando cada uno de ellos… siguió bajando y beso mi ombligo y recorrió con su lengua el camino sagrado hasta mi “cuevita de placer”. Retiró sus dedos y comenzó a jugar de nuevo con su lengua y mi clítoris ya que estaba a punto de estallar de satisfacción. Con su dedo pulgar comenzó a penetrarme por detrás mientras lo hacia por delante con su lengua y con su mano recorría todo mi ser. Después de varios segundos de placer, llegue a mi punto de éxtasis máximo cuando con su lengua recorría en círculos todo mi clítoris y me vine en mares de placer y satisfacción, fueron uno, dos y tres orgasmos seguidos de tanto éxtasis.

Después de unos segundos, Daniela se tumbo en la cama, algo cansada de darme tanto placer, y fue allí donde yo la volví a besar, tumbándome encima de ella, rozado nuestros cuerpos, nuestros pechos, nuestras piernas, y nuestros labios, y con ese beso se volvió a encender esa llama de deseo en mi. Despacio fue besando su cuello, sus orejas, sus pechos, proporcionándole un placer divino, lamiéndole lentamente cada uno de sus senos, disfrutando cada segundo, cada succionada, me estremecía.

Fui besando su abdomen liso, su ombligo, mientras le daba vueltas con mi lengua y de la misma manera, seguí mi camino hasta su “cuevita” donde me recibió con las piernas abiertas. Despacio fue besando todos sus alrededores, hasta que por fin llegue hasta su clítoris súper hinchado y mojado de tanta estimulación, y poco a poco voy chupándolo y succionándolo mientras movía mi lengua de arriba hacia abajo, de un lado al otro, en círculos, de todas las maneras, mientras podía sentir como Daniela estallaba con sus gemidos que cada vez se hacían mas intensos mas provocativos, que hasta pude sentir como me vine yo por cuarta vez, de solo verla a ella como se estremecía, y yo sin tocarme. Pude sentir cuado Daniela llegó a su orgasmo por primera vez, pero no fue suficiente para mi, seguí besándola y succionándola, hasta que busque uno de esos juguetes que ya yo sabia que ella guardaba en su mesita de noche, lo saqué y poco a poco la fui masajeando con este juguetito por todo su orificio anal, mientras con mi mano jugaba con su clítoris bañado en lava blanca. Después de unos minutos, pasaron de ser simples masajes en su orificio, a entradas y salidas muy rápidas y placenteras… hasta que con sus gemidos y gritos pude sentir que volvió a llegar al orgasmo, que no fue uno, si no dos seguidos de tanto placer. Lentamente fui sacando ese juguetito de su orificio y con mi lengua saboreé sus jugos agridulces que se hacían tan provocativos y deliciosos a mi paladar. Cerramos ese gran acto de placer y seducción con un gran beso, y me recosté junto a ella, apoyando mi cabeza hombro y fue así como empezó nuestra gran historia.

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Es pronto, demasiado. Esta maldita costumbre de madrugar.

Café tostadas periódico y la radio. Siempre la radio. El mismo sonido, el mismo café. Las mañanas de domingo son proclives a la melancolía, un sentimiento tranquilo y excitante.

Siempre te recuerdo los domingos. Esos domingos luminosos de resaca. Tarde, ya ni me acuerdo cuando fue la última vez que me levanté a las 10, para mí siempre nos levantábamos tarde. Parecía como si ya el día no mereciera la pena. Yo me iba a correr, tu aún te quedabas un rato en la cama, hasta que volvíamos el sudor, el pan los periódicos y yo. Sigo con esa costumbre. Correr, como si la vida no pudiera atraparme. Ahora me cuesta el doble y corro la mitad.

- ¡Dúchate!, apestas. -Y te carcajeabas con un bollo en la boca

Nunca somos conscientes de lo que la vida puede cambiar en un segundo. Las cosas que no planeas son las que marcan tu historia. Entonces tienes que improvisar, reconstruir, aceptar o negar, planear todo de nuevo. A algunos se nos da mejor que a otros, pero no podemos olvidar que la mejor vida es la que construimos nosotros.

Llegó una llamada un puestazo en un estudio para trabajar en Tokio. Lo vi en tu cara. Ninguna gracia y un fingido entusiasmo. No tenía que decidirlo en ese momento. Una semana. Una semana casi sin palabras. Intentamos mantener a raya un debate imposible, retrasar lo inevitable. Tu no vendrías y yo no podía pensar en quedarme. Solo los silencios. Cambiamos las palabras por los gestos. Sólo podía pensar en besarte, abrazarte, en hacerte el amor como la primera, como la última vez.

- No vas a venir.

- Sabes que no.

Y tu cuerpo era mi desesperación. Besé cada poro de tu piel, cada pliegue, cada esquina. Recorrí tu cuerpo con las yemas de mis dedos dibujándolo con los ojos cerrados. Até tus manos al cabecero de la cama. No quería que me abrazaras, no quería consuelo. Sólo tu cuerpo y esa pequeña venganza de intentar dejar un inmenso vacío en tu cama.

Sigue siendo domingo unos años más tarde de una maleta escueta y una triste mañana.

Radio exterior de España mientras troto por un parque. A la vuelta un periódico y el pan. Nada ordena nuestra vida como estas pequeñas constantes que nos recuerdan que necesitamos de una cierta rutina para sentirnos arraigados.

Nunca pensé que debía haberme quedado, como también sabía que nunca me pedirías que lo hiciera.

Suena la puerta de mi apartamento. Y allí estás apostada, quieta, nerviosa, cambiada. No acierto a decir nada.

Me empujas con un dedo y una sonrisa.

- “Dúchate, apestas” Y el tiempo pareció haberse detenido. Te miraba pasar a mi salón, estabas preciosa y yo sudaba de puro sofoco. Te giraste

Llevo planeando esto mucho tiempo- Mientras de nuevo, un solo dedo empuja mi diafragma con la precisión de un compás. ¿La ducha?

Sólo soy capaz de señalar una puerta. Me parece que ya estoy rozando el ridículo, pero sigo andando hacia atrás sin dejar de mirarte. Un chorro de agua me hace dar un salto.

Para ser tan lista te encuentro un poco torpe.

Pues yo te veo preciosa.

Si, pero no he venido a eso.

Las manos enjabonan mi cuerpo. Se deslizan por él con increíble dulzura, como tus ojos entre la distancia y la lujuria no dejan de mirarme.

-”¡Te estás poniendo roja! Casi no recordaba lo buenísima que estás. Más delgada, una pena, pero sigues teniendo un polvazo.

Esa manera tuya de ponerte ordinaria me pone a cien.

“No te rías. Seguro que las americanas esas con las que trabajan no van depiladas”- Me sientas al borde de la cama- ” Has olvidado como era follar con una española”.

Abres mis piernas y comienzas a dar golpes con la punta de la lengua en mi hinchado clítoris. Acompasados. Cuando espero el siguiente paras.

“Te lo voy a recordar”. Por fin me besa. Lo he esperado desde que abrí la puerta. Chupo su labio inferior, grueso y suave. Siempre has besado tan bien. Nadie que ha pasado por mi cama ha besado como tú. Me volteas y comienzas a dibujar con tu lengua. Escribes en mi espalda cosas que no acabo de entender.

Busco tu boca, quiero besarte, tanto tiempo sin ti. Tu mano, lenta, recupera el pulso de mi cuerpo. Describes círculos sobre mi sexo, un dedo, dos, lentos, rápidos, presionas, rozas. Creo que no voy a aguantar más. Al borde del orgasmo me dejas, te incorporas, me miras:

Te echo tanto de menos. Echaba de menos tu olor, casi lo había perdido, el color de tus ojos, tu voz.

Retomas el trabajo. Yo ya paso, hace rato que he perdido el control, creo que desde que has entrado soy una marioneta en tus manos, sentimiento y placer mezclados, casi olvido lo que te quiero. Paras. Ya no puedo más, sabes que mi cuerpo puede ahora ir solo.

-”Solo te correrás cuando yo te deje, así que mírame, mírame!” Casi me gritas. Tan apenas puedo mirarte, te masturbas a mi lado, trato de tocarte. Tomas mi mano y usas mis dedos como si fueran tuyos. No me dejas improvisar. A mi me excita casi tanto como a ti.

De repente paras, te giras y en un perfecto movimiento presionas mi sexo ya tan a tu merced. Me miras, sudamos, juntas mi boca a la tuya y me susurras: “Ahora”.

Y desaparece la angustia de tu ausencia, el abandono del sentimiento, la negación del cuerpo. Te quiero como entonces.

“No te preocupes por si pasan meses, años. Es sólo tiempo” Y siempre he sabido que lo que me dijiste era cierto.

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Una amistad rota durante un tiempo, un encuentro inesperado, una cena para reencontrar sentimientos… Todo se convierte en una locura, en una noche inolvidable…

Me encontré a Candela por la calle, había pasado tanto tiempo desde que dejamos nuestra amistad a un lado… me parecía increíble verla de nuevo, más guapa y radiante que nunca, parecía contenta de haberme encontrado, nos distanciamos por tonterías y creo que las dos nos echábamos mucho de menos. Yo tenía prisa, pero le pedí que nos encontráramos en otro momento, teníamos muchas cosas de que hablar, mucho que contarnos, habíamos cambiado mucho en ese tiempo.

Me pasé toda la tarde pensando en ella, en esa amistad que siempre nos había unido y que habíamos dejado escapar, sí, la echaba de menos y no lo había querido reconocer hasta ese momento en que la vi en plena calle, pero bueno, esa noche tendríamos oportunidad de hablar, le pediría perdón. Llamé a mi novio para decirle que no me esperara esa noche, le conté que me había encontrado con ella y habíamos quedado para cenar, le conté con excitación que la había visto muy guapa, que estaba impresionante y él bromeó diciéndome que a ver si ahora me iban a gustar las tías, que se iba a poner celoso si seguía hablando así de ella, le dije que no fuera tonto, que sabía que habíamos sido muy buenas amigas y que a mi solo me gustaba él.

  Me preparé con dedicación para esa cena, no sabía porqué, pero estaba excitada con ese encuentro, decidí ponerme informal, pero a la vez quería estar guapa, incluso llegué a pensar que quería estar sexy, pero deseché esa idea de mi cabeza, no podía ser. Al final me decidí por un vaquero ajustadito, botas altas de tacón y una camisa entallada, me maquillé cuidadosamente y me dejé el pelo suelto, al salir de casa me puse una chaqueta negra y desabroché un botón más de mi camisa, me excitó ver como por mi escote se dejaba entrever el sujetador color burdeos que me había puesto, era precioso y llevaba un tanga a conjunto igual, bordado con detalles claritos… “Estoy loca –pensé-, me he puesto esto como si fuera a seducir a alguien y solo es una cena de amigas…” 

Pasé a recogerla por su casa, estaba lista cuando llegué, así que subimos al coche y nos dirigimos al restaurante, mientras bromeábamos diciendo que parecíamos gemelas, nos habíamos vestido prácticamente igual.

 La cena transcurrió con normalidad, contándonos nuestras cosas, me dijo que su novio se había ido fuera a trabajar y que le echaba mucho de menos, que ahora se sentía un poco sola y yo le pedí perdón por no haber estado más pendiente de ella, por aquella discusión tan tonta que tuvimos que nos había alejado, ella se disculpó también, no había rencor en las palabras de ninguna, solamente ganas de retomar lo que habíamos dejado. Todo transcurrió normal hasta que al final de la cena, cuando ya estábamos tomando el café, el camarero nos llevó unas copas diciendo que los chicos de la mesa de al lado nos invitaban a ellas, pero solo si les dejábamos que nos acompañaran, les dijimos que sí, no nos vendría mal compañía por un rato.

 Los chicos se presentaron, se llamaban Julio y Daniel, estuvimos durante un largo rato hablando con ellos y nos comenzaron a resultar pesados, no hacían más que hablar de sus trabajos, de cuanto ganaban, de que querían ascender, etc., le dije a Candela que me acompañara al baño.

 Una vez en el baño le dije que como podíamos hacer para quitárnoslos del medio, que nos iban a arruinar la noche estos dos pesados y Candela tuvo una idea, fingiríamos ser lesbianas, podría ser divertido y así además los echaríamos. Volvimos sonriendo mucho las dos y ellos nos hicieron una broma diciendo que habíamos tardado demasiado en el baño, que si habíamos estado haciendo algo… “indecente”, yo solo les dije que pensaran mal y acertarían, mientras le cogí la mano a Candela delante de ellos, se empezaron a mosquear al ver el buen rollo que teníamos, nos estábamos divirtiendo con las caras que estaban empezando a poner y Candela decidió seguir más adelante y me dio un beso muy corto en los labios, las caras de ellos parecían un poema, estaban sorprendidos y excitados a la vez. Les propusimos ir a otro lado, a mi me estaba gustando el juego y a Candela parecía que más aún, porque había metido la mano bajo el mantel y me tocaba la pierna muy suavemente…

 En el coche me preguntó que si lo estaba pasando bien y le dije que mucho, que me encantaba provocar a esos dos, volvíamos a ser las dos chicas juguetonas que antes salían de marcha volviendo locos a los tíos.

 En el pub había muy poca luz, los chicos lo habían hecho a conciencia, no sé si por intentar tener algo con nosotras o por provocar que ocurriera algo entre nosotras. El caso es que allí estábamos con ellos, pidiendo en la barra, cuando empezamos a jugar entre nosotras, Candela me cogió por la cintura mientras pedía la bebida al camarero. Los cuatro nos dirigimos hacia unas mesas que había más alejadas del resto y ellos preguntaron abiertamente si éramos pareja, ante la pregunta directamente me dirigí a Candela y la besé en los labios… nunca había sentido un beso con tal suavidad e intensidad a la vez, lo que más me turbaba es que Candela había respondido a ese beso… (¿qué nos estaba pasando?) Mi cabeza daba vueltas pensando en ese beso, pero ella parecía tranquila, serena, aunque había algo en su mirada… en un momento sentí como miraba mi escote y me susurró al oído que le encantaba mi sujetador, en ese momento me quedé completamente descolocada, seguía fingiendo o era real que estaba excitada por mi… Yo sí podía decir que estaba excitada, aparte de por la provocación hacia los chicos, los cuales tenían unas erecciones de campeonato, me había excitado Candela, al besarme, al susurrarme eso… notaba un cosquilleo en mi entrepierna que no me atrevía a reconocer, pero me debatía en si eso estaba bien o mal, era una mujer, era mi amiga…

 Mientras pensaba esto, Candela me tomó de la mano para que fuéramos al baño, los chicos hicieron algún comentario de burla diciendo que haber que íbamos a hacer allí… Entramos en el servicio de las chicas, había mucha gente, así que las dos pasamos juntas a una puerta que había vacía. En cuanto cerré la puerta Candela se giró poniéndose frente a mi y comenzó a besarme con una locura, diciéndome que quería sentir cosas nuevas, que quería probarme, que mi escote durante toda la noche y ese beso habían despertado en ella cosas que nunca había imaginado sentir, yo simplemente me dejaba llevar. Salimos del baño y ni siquiera me di cuenta que llevaba dos botones más de la camisa desabrochada, fuimos donde estaban los chicos, los cuales me miraron con lujuria y les dijimos que teníamos prisas, que nos teníamos que ir.

 Salimos de allí rápidamente, subimos en mi coche yo conducía mientras Candela metía las manos por mi camisa y me acariciaba los pechos desesperadamente, me dijo que fuéramos a su casa, apenas llevaba una semana instalada y quería estrenar la cama nueva que había comprado conmigo… yo para entonces ya no razonaba, solo deseaba tenerla…

De camino a casa…casi ni nos hablábamos…solo nos dirigíamos miradas cargadas de deseo que ninguna de las dos entendía… Candela no sabia porqué lo hacía y yo solo podía dejarme llevar porque había despertado sensaciones en mí que no quería perderme. Jamás había sentido nada así, esa desesperación, esas ganas de ella, nunca la había deseado, pero ahora la encontraba más atractiva, más seductora…más sexy que nunca…

 Llegamos a su casa…y me ofreció algo para beber mientras se ponía cómoda… Durante el tiempo que estuve sola en el salón mil ideas revoloteaban en mi cabeza… ¿Debía seguir adelante? La respuesta la encontré pronto, cuando me llamo desde la habitación…me acerqué despacio hasta la puerta del dormitorio y allí estaba, completamente desnuda…. Su voz temblaba…esta tan nerviosa como yo…

Me pidió que me acercara y mordiéndome los labios lo hice…me acerqué y besó tímidamente mi boca, una boca que estaba pidiendo a gritos que le entregaran todo…

Separándome de ella, mientras contemplaba su cuerpo desnudo fui despojándome de mi ropa, me quedé solo con ese fino conjunto de sujetador y tanga, el que me había dicho que le gustaba a lo largo de la noche, me eché a su lado en la cama, sin saber muy bien que hacer, esperando a que fuera ella quien diera el primer paso, con los hombres me gustaba llevar las riendas, pero con ella… quería dejarme llevar, al menos de momento.

Con mucha suavidad comenzó a recorrer con la punta de los dedos mi cuello… me sonreía mientras se iba deslizando por el escote, rozando el borde del sujetador, veía como mis pezones estaban enhiestos deseando ser chupados por esa lengua dulce, suave, que hacía una rato había sentido besarme… pero Candela no los tomó aún, siguió recorriéndome con los dedos, ahora jugaba por encima de mi sujetador y seguía descendiendo… mi piel se erizaba al sentir el contacto de su piel por mi abdomen, esto ya no tenía remedio, llegaríamos hasta las últimas consecuencias, siguió jugando, bordeando ahora mi tanga… acariciándome por encima de él, continuó su recorrido y ahora rozaba con mucha suavidad mi coño por encima del tanga… mmmm esas manos eran deliciosas y eso que aún no había empezado la guerra…

Terminó de quitarme la poca ropa que me quedaba, no hablábamos, solo nos mirábamos y nos sentíamos, los prejuicios se habían ido, solo quedaba la pasión, el gozo, los sentimientos encontrados…

Nos sentamos sobre la cama, una frente a otra, me dirigí hacia ella y la besé, la besé con más deseo de lo que jamás había besado a un hombre, estábamos muy juntas, las piernas entrelazadas a la cintura, sentía sus pechos presionando los míos, seguía besándola sin pensar lo que hacía, sus manos acariciaban mi espalda. La separé un poco de mi para contemplarla, estaba preciosa, sus ojos brillaban con fuerza, agarré su pecho y lo empecé a masajear mientras la batalla de besos volvía a comenzar, pero ahora recorría su cuello, sus hombros… volvía una y otra vez hacia su boca… bajé hasta sus pezones y comencé a bordearlos con la lengua, sus pechos eran perfectos, grandes, sin llegar a la exageración, tersos, suaves… llegué hasta el centro del pezón y lo lamí intensamente con la punta de la lengua, sintiendo como se ponía aún más tieso si cabía, que sensación… lo mordía con dulzura… ella inclinaba su cabeza hacia atrás, indicándome que estaba disfrutando…

Sus manos seguían recorriéndome y llegaron hasta mi sexo, el cual estaba abierto debido a la postura, nuestros coños estaban uno frente a otro, húmedos, brillantes de excitación, palpitantes, deseosos de ser tocados… sus dedos se deslizaron con maestría por mi clítoris… cada vez estábamos más juntas, los pechos rozándose, nos comíamos las bocas de desesperación, los dedos seguían haciendo su trabajo… Ahora yo también jugaba con su sexo, nos masturbábamos mutuamente, teníamos los dedos metidos cada una en el coño de la otra… separamos nuestros cuerpos, dejando solo unidos nuestros coños… nos tumbamos hacia atrás, entrelazamos las piernas y dejamos nuestros clítoris unidos, rozándose desesperadamente… En el momento en que prácticamente estábamos llegando al límite Candela se separó de mi, metió la cabeza entre mis piernas y empezó a lamerme el coño primero muy lentamente, después muy rápido, hacía círculos sobre mi clítoris con la punta de la lengua, no me tocaba siquiera con las manos, solo su lengua… se deslizaba por mi raja y me penetraba, volvía al clítoris de nuevo, bajaba hacia el ano y metía lo que podía la lengua… no recuerdo cuantos orgasmos tuve, porque iba enlazando unos con otros… hasta que decidí que era el momento de devolverle el favor.

Primero la puse a cuatro patas y poniéndome detrás de ella la empecé a lamer de arriba abajo… en esa postura si intentaba lamer el clítoris mi nariz se quedaba cerca de su agujero y se excitaba más aún al sentir mi respiración en su coño… le lamí el ano, se lo lubriqué todo lo que pude y la volví a cambiar de postura… la eché sobre la cama y comencé a introducir dos dedos por su ano… se estaba dilatando… gritaba de placer… a la vez le comía el clítoris… alternaba los dedos entre su vagina y su ano, con la otra mano acariciaba sus pechos… me encantaba tocarlos, siempre había deseado tener esos pechos, cada vez gritaba más… cada vez estaba más fuera de sí, hasta que de repente se quedó callada, de su coño comenzaron a emanar chorros de líquido… estaba eyaculando, yo estaba sorprendida, exhausta, pero seguía recogiendo con mi boca todo lo que salía de ella… era algo indescriptible, excitante y sobretodo INOLVIDABLE.

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