Un sábado cualquiera, a horas de la tarde, decidí salir a casa de mis tíos, como solía hacer casi todas las tardes…

Solía ir casi todos los días, no por casualidad, si no porque hacía ya unos meses, que una de las chicas, que vivían en casa de mis tíos, me traía loca. Ella hace unos meses había alquilado una habitación que mis tíos pusieron en el periódico, y desde que ella vive allá, he optado por aparecerme por allí todos los días, solo para dar con ella.

Daniela, es portadora de un cuerpo fenomenal, unas curvas en las cuales cualquiera podría perderse, una bella figura delgada, con piernas muy firmes y unos pechos lo suficientemente grandes como para hacerme perder el control. Yo no tenia conocimiento alguno sobre la vida intima de Daniela, simplemente pasaba horas hablando con ella de cualquier tema de actualidad solo para sentir su mirada que se cruzaba con la mía, y ver esa sonrisa tan espectacular de la cual era dueña.

Un sábado cualquiera, a horas de la tarde, decidí salir a casa de mis tíos, como solía hacer casi todas las tardes… para ver a Daniela. Entré a casa de mis tíos, y noté que la casa estaba sola, mis tías habían salido de compras, mis primas en sus respectivos trabajos, mis tíos de viaje, en fin, no había nadie en la casa… o por lo menos, hasta ese momento.

Me quedé en la cocina preparando algo de comer, ya que había sido una caminata larga para llegar hasta allá, cuando de repente, siento que la puerta del cuarto de Daniela se abre, y efectivamente era ella, que andaba con una pequeña camisa que a penas llegaba a taparle los senos, y un mini short que hacia que sus morenas piernas se vieran muy provocativas. Nos sentamos como de costumbre en la cocina, a hablar de cualquier tema de conversación, del cual yo realmente no estaba muy atenta, ya que estaba completamente pérdida en su mirada, su sonrisa, sus piernas… en realidad, en ella.

Estuvimos hablando por largos minutos, hasta que me dijo que la acompañara a su cuarto a buscar algunas cosas que tenia que lavar. Entro yo primero al cuarto, y detrás de mi viene ella, quien tranca la puerta cuando termina de pasar, cosa que me extraño pero a la vez hizo que mi mente comenzara a volar. Daniela se acercó a mi, mientras colocaba una de sus manos en mi cuello, y la otra en mi cadera, y poco a poco se fue acercando mas para darme aquel beso que encendió de pasión todo mi ser, comenzamos a besarnos despacio, para dar fuero a mas placer y mas deseo. Poco a poco nos fuimos tumbando en su cama sin dejar de besarnos, mientras que ella muy despacio me quitaba la blusa que yo cargaba puesta y me fue desabrochando el pantalón. Yo me deje hacer y deshacer por Daniela, ya que eran tantas noches anhelando ese momento sin saber si podría convertirse en realidad, hasta que por fin llegó.

Lentamente fue desabrochando mis pantalones, mi sujetador, hasta dejarme solo en bragas, y continuaba besándome. Muy despacio yo comencé a quitarle su pequeña camisa, y con la agradable sorpresa de que no traía sujetador, me di la tarea de quitarle el short y dejarla en bragas. Daniela tenía una gran capacidad de volverme loca con sus suaves y sutiles carisias en mis nalgas; pasó una de sus manos por mi entrepierna y metió la mano entre mi braga y mi sitio de placer, comenzó a jugar pasando entre sus dedos mi clítoris mientras yo me estremecía de placer. Terminó por quitarme mis bragas y mientras seguía jugando con mi clítoris ya hinchado por la excitación; poco a poco fue besándome el cuello, hasta llegar a mis senos, besando, lamiendo y succionando cada uno de ellos… siguió bajando y beso mi ombligo y recorrió con su lengua el camino sagrado hasta mi “cuevita de placer”. Retiró sus dedos y comenzó a jugar de nuevo con su lengua y mi clítoris ya que estaba a punto de estallar de satisfacción. Con su dedo pulgar comenzó a penetrarme por detrás mientras lo hacia por delante con su lengua y con su mano recorría todo mi ser. Después de varios segundos de placer, llegue a mi punto de éxtasis máximo cuando con su lengua recorría en círculos todo mi clítoris y me vine en mares de placer y satisfacción, fueron uno, dos y tres orgasmos seguidos de tanto éxtasis.

Después de unos segundos, Daniela se tumbo en la cama, algo cansada de darme tanto placer, y fue allí donde yo la volví a besar, tumbándome encima de ella, rozado nuestros cuerpos, nuestros pechos, nuestras piernas, y nuestros labios, y con ese beso se volvió a encender esa llama de deseo en mi. Despacio fue besando su cuello, sus orejas, sus pechos, proporcionándole un placer divino, lamiéndole lentamente cada uno de sus senos, disfrutando cada segundo, cada succionada, me estremecía.

Fui besando su abdomen liso, su ombligo, mientras le daba vueltas con mi lengua y de la misma manera, seguí mi camino hasta su “cuevita” donde me recibió con las piernas abiertas. Despacio fue besando todos sus alrededores, hasta que por fin llegue hasta su clítoris súper hinchado y mojado de tanta estimulación, y poco a poco voy chupándolo y succionándolo mientras movía mi lengua de arriba hacia abajo, de un lado al otro, en círculos, de todas las maneras, mientras podía sentir como Daniela estallaba con sus gemidos que cada vez se hacían mas intensos mas provocativos, que hasta pude sentir como me vine yo por cuarta vez, de solo verla a ella como se estremecía, y yo sin tocarme. Pude sentir cuado Daniela llegó a su orgasmo por primera vez, pero no fue suficiente para mi, seguí besándola y succionándola, hasta que busque uno de esos juguetes que ya yo sabia que ella guardaba en su mesita de noche, lo saqué y poco a poco la fui masajeando con este juguetito por todo su orificio anal, mientras con mi mano jugaba con su clítoris bañado en lava blanca. Después de unos minutos, pasaron de ser simples masajes en su orificio, a entradas y salidas muy rápidas y placenteras… hasta que con sus gemidos y gritos pude sentir que volvió a llegar al orgasmo, que no fue uno, si no dos seguidos de tanto placer. Lentamente fui sacando ese juguetito de su orificio y con mi lengua saboreé sus jugos agridulces que se hacían tan provocativos y deliciosos a mi paladar. Cerramos ese gran acto de placer y seducción con un gran beso, y me recosté junto a ella, apoyando mi cabeza hombro y fue así como empezó nuestra gran historia.

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El verano anuncia su llegada. El paseo, cubierto a los lados con frondosos árboles de generosa sombra, me recuerda el camino que tomaba para ir al colegio.

 

Eran los últimos días de clase del último curso. A la tensión de los exámenes y el relax de las clases posteriores, se sumaba la emoción de la despedida cercana. Adiós al uniforme, adiós a las intrigas quinceañeras, adiós a los atracones de dulces de los viernes tarde, adiós a la Srta. Rocio… Después del verano empezaría mi vida adulta, las salidas ocasionales a la discoteca, tal vez mi primer novio… Una vida nueva anhelada hacia tanto tiempo pero que, entonces, al sentirla tan inminente, me acobardaba y me hacía desear volver a ser como las niñas de primer curso que corrían por los pasillos sin más preocupación que llenar su armario de prendas escuetas de tela y a la última moda para las vacaciones que se avecinaban.

 

Las chicas estaban nerviosas con los preparativos de la función de final de curso. Tal vez por ese motivo o porque hacía días que confiaba más en mi memoria que en la agenda, olvidé acabar la redacción para la asignatura de Lenguaje. La Srta. Rocío no es de las que regañaban en público o castigaban con salir del aula, a ella le bastaba con una mirada intensa y hacerte quedar después de clase para imponer respeto. Me llamó por mi nombre para que leyera mi redacción ante las demás.

- No la tengo acabada –dije tímidamente.

Me miró profundamente, elevando los ojos por encima de las gafas, inspeccionándome de arriba abajo, tal vez durante un segundo pero a mi me parecieron horas interminables, y contestó:

-Quédate después de clase.

Me senté y ella llamó a otra alumna más aplicada. La voz dulce y todavía infantil de mi amiga resonaba por toda el aula. Las ventanas abiertas para que corriera el cálido y aromático aire de junio, distrajeron mi atención, poca atención puesto que en mi mente resonaba todavía la amenaza de la maestra: sus palabras cargadas de fuerza y autoridad. Intenté relajarme, concentrarme en las redacciones de mis compañeras, dejar de mirar el reloj de pared que anunciaba los minutos que quedaban para mi castigo y olvidar lo que eso significaba.

 

Sonó el timbre que avisaba del término de las clases de la tarde, las alumnas fueron recogiendo los libros de su pupitre y guardándolos en sus respectivas mochilas o carteras. Las risas, comentarios jocosos y conversaciones variadas, se sucedieron con naturalidad a la paz anterior. El corazón me latía con fuerza, sentía mis mejillas enrojecer y acalorarse. No quería reflejar nerviosismo pero era inevitable y me movía incómoda sentada en la silla con la ropa interior pegada a mi piel debido a la humedad. Al salir la última alumna, me miró conteniendo una risilla y cerró la puerta tras de si.

 

De nuevo silencio, calma. Podía oír el murmullo femenino en el jardín, a las puertas del colegio, para mi todavía no había llegado la hora de volver a casa. La Srta. Rocío había recogido su mesa y extrajo del cajón una regla de medio metro, de plástico duro aunque flexible. La colocó de golpe encima de la madera produciendo un chasquido que a mi me sonó atronador. Se levantó y dijo:

-No quisiera bajarte la nota por culpa de esta redacción. Tu examen final ha sido de los mejores, lo mismo los trabajos de todo el curso. Preséntame mañana la redacción y la sumaré a la nota.

 

Creo que acerté a pronunciar “gracias” aunque la boca seca y la saliva pastosa que se atragantaba en mi garganta no me dejaban hablar todo lo claro y seguro que me hubiera gustado. Luego ella me hizo levantarme; yo temblaba, no había dejado de temblar desde que sonó el timbre; e hizo una señal descendente con la mano… Sabía bien lo que significaba, todas lo sabíamos, los castigos de la Srta. Rocío eran únicos.

 

Llevé las manos debajo de la falda para asirme las tiras de las braguitas y las deslicé por las piernas, levantando luego con cuidado cada pie y estirando bien la prenda para evitar que se ensuciara con la suela de los zapatos. Estaban tan mojadas como temía, avergonzada de que se diera cuenta, las hice un ovillo y las metí dentro de mi mochila. Me dirigí hacia ella y apoyé el pecho y la cabeza sobre su mesa alta de profesora. Ella me miraba desde arriba, podía sentir su calor, su sonrisa viciosa. Se situó tras de mi, tomó la regla y me levantó la falda. Yo esperaba de un momento a otro su gesto agresivo pero ella se mantenía a la espera, disfrutando de la respiración entrecortada que revelaba mi sufrida expectación.

 

De pronto “chas! chas!”, las nalgas me ardían y apreté con fuerza las piernas tratando de contener el dolor. Sus manos se posaron en la piel irritada… tragué saliva, podía notar la humedad caliente resbalándome por el interior de las piernas, ella también se dio cuenta. Sus dedos se agarraron firmemente a la carne y me fue abriendo poco a poco contemplando los dos orificios que se mostraban obligados ante sus ojos. Deslizó un pulgar hasta la cavidad brillante y pequeña y lo resbaló sin compasión hacia el interior. Yo no podía hacer otra cosa más que recibirlo, ese dedo sabio que se apretaba con firmeza, palpando las paredes sumisas que no podían rechazarlo. Luego acercó su otro pulgar a la entrada más cercana e inhóspita y empujó con fuerza y decisión hasta introducirlo por completo. No pude reprimir un gemido de dolor. Eso la satisfizo y apretó con más violencia hasta hacerme sentir el nudillo. Entonces buscó con el índice el vértice de mi sexo y lo frotó con no menos brusquedad.

 

Asida de esta manera, ella impuso su dominio. Sus dedos iban y venían, distinguía con exactitud cuando acelerar, cuando detenerse y volver a arremeter con furia. Su respiración en mi espalda delataba el esfuerzo, yo, en cambio, trataba de controlar mis suspiros, mis gemidos, pero era evidente que mi cuerpo se hallaba al límite del éxtasis. En un último intento por evitar estallar, oprimí mi interior atrapándola y negándole la posibilidad de moverse. Luchó por liberarse y, al conseguirlo, rechazó cualquier sentimiento de piedad hacia mi, atacándome con todo su vigor, con una violencia desconocida… Escozor de fuego, mi vientre desnudo clavado contra el borde la mesa, el pecho oprimido, la respiración en vilo… silencio… Entonces un grito surgió de lo más profundo de mis entrañas. Las convulsiones se sucedían una tras otra. Mi cuerpo cautivo entre las manos de la profesora, se sacudía como un animal enjaulado, desesperado. Y aún cuando era evidente que me había rendido, que aceptaba la sumisión impuesta, ella no me dejó descansar.

 

Agotada, tendida en la misma postura sobre la madera humedecida por el sudor, las piernas débiles, como de muñeca de trapo, sin ánimos de querer aguantar mi peso, sentí por fin que ella se retiraba. Engaño de la ingenuidad que todavía conservaba a esa edad. Se retiró, sí, pero para poder observar mejor su obra, su castigo. Consideró que no era suficiente y aprovechó el abundante flujo que rezumaba de mi torturado sexo para probar de introducirme más de un dedo a la vez. No pude distinguir si eran dos, tres o cuatro, sólo sentí que me ensanchaba por momentos y que mi interior respondía inconscientemente a las caricias, a las presiones. El placer me invadió de nuevo, un placer distinto, más callado pero también más intenso. Creí morir, perdí la memoria, el sentido de la realidad y de mi misma… Dejé de ser cuerpo para ser una célula de placer recorriendo mis venas a gran velocidad…

 

Ella se dio cuenta y se mostró complacida. Volvió a salir de mi y me regaló un par de azotes cariñosos para indicarme que tocaba levantarme y cambiar de postura. Pero yo estaba sin aliento, jadeaba lastimosamente luchando por impulsar fuerza a mis brazos, apoyarme en ellos y poder darme al menos la vuelta… imposible. Me tomó de los hombros, me tiró hacia atrás sin miramientos y me obligó a arrodillarme. Se colocó delante de mí. Tuve miedo de alzar la mirada, de provocarla, pero la curiosidad me pudo más y la contemplé de reojo.

 

La Srta. Rocío era la mujer más bonita de todo el colegio, brillaba con una mezcla de juventud y madurez. De hecho debía ser la mujer más hermosa de toda la ciudad, al menos de todas las que había visto. Su mirada melosa y penetrante, sus largos y negros cabellos que caían pesadamente sobre sus hombros y alcanzaban la cintura en mechones lisos de una perfección sublime, la femenina figura de graciosas curvas, las piernas perfectas elevadas por finos tacones y su falda tan primorosamente tallada que marcaba sinuosamente las caderas… la admiraba tanto.

 

No me dejó tiempo de recuperarme, se situó de pie sobre mi, con una pierna a cada lado. De nuevo me convirtió en prisionera, me sentí atrapada entre sus piernas, cubierta por la falda, sin luz, sin aire. Levantó su vestido y agradecí la brisa que entraba por la ventana y que me sacudía ligeramente el flequillo sudoroso de la frente. Estaba claro lo que esperaba de mi. Quise negarme pero recordé las historias que se cuentan en el colegio, leyendas estudiantiles para atemorizar a las chicas pequeñas. Hablaban de los castigos horribles que imponía la Srta. Rocío a las desobedientes e indisciplinadas, hablaban de objetos… De pronto, los inofensivos artilugios que formaban parte de la clase: borrador, tizas, lápices, el pomo de la puerta, los papeles y desperdicios de la papelera, los prismas y cilindros… me resultaron amenazadores. La profesora no me dejó tiempo para meditarlo más, me aferró la cabeza con ambas manos y empujó mi boca hacia su cálido y perfumado sexo. No llevaba ropa interior, al menos una parte de las leyendas era cierta.

 

Su espeso vello me hacía cosquillas en la nariz. El olor era peculiar, agradable y dulzón pero fuerte. Estiré la lengua para recorrer todo el largo de la abertura que se imponía sobre mi rostro. La Srta. Rocio me iba moviendo la cabeza a su conveniencia, yo me dejaba hacer para no disgustarla pero me esforzaba con la lengua y los labios, chupando, lamiendo. Noté que mi maestra estaba excitada, el sexo hinchado y un bultito duro y palpitante que sobresalía en el extremo superior así lo indicaban. Me apretó con más fuerza a medida que el placer crecía, no me atreví a contradecirla pero me falta el aire…empleé mis últimas energías en avivar los movimientos y acabar pronto con esa agonía.

 

El orgasmo le llegó con elegancia, como todo en ella. Fue lento y largo, yo me dejé llevar, como una barca a la deriva mecida por las olas. Mi boca se inundó con el flujo tibio, espeso, claro, de sabor indefinido, a veces dulce, luego salado, incluso ligeramente amargo… pero agradable. Y bebí, puesto que no podía hacer otra cosa, bebí todo lo que me ofreció.

 

La echaré de menos, pensé, cuánto echaré de menos los últimos días de clase.

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Son las 3 de la mañana, el silencio de esa hora, hace que pueda detectar, más fácilmente los sonidos de mi piel, está caliente, lo reconoce mi cerebro al sentir el deseo de sentirme entre las manos, los labios de alguien que me excite aún más.

Ahí ahora, descubro que me duele tu ausencia, por el deseo de sentirme desnuda en ese instante y tenerte cerca para poner mis senos cerca de los tuyos, para mirarte con las ganas de hacerte saber que te deseo, sentir tu lengua en mi boca, como acaricias mis dientes, mi lengua, la subes, la bajas, mi mente la siente entre mis muslos, me estremezco, aprieto mi deseo con la fuerza de mi vagina. Mi cuerpo se llena de más ganas, estoy pensando en ti.

Ponerte mis senos en tu boca, verte ahí, ver tu lengua subir y bajar, tus ojos cerrados, tus dientes, tu deseo vertiginoso que chupa, succiona, lame, ver el pezón duro, parado, respondiéndote, tu mirada no la sé pero la siento, la adivino, pues tus ojos cerrados y apretados es la mirada escondida, de repente los abres y me miras, veo en ti, el engaño de tu lengua, la infidelidad de ella sobre mi piel, me excita aún más, con posesión me tomas como las tomaste a ellas, a tantas, a todas, para tu lengua soy una, una más, otra, pero la misma.

Aprieto mas mis piernas, te deseo, tu respiración en mi oído, tus palabras calientes, infieles, fuertes, todo esta en descontrol, estorba la tanga, pues a mis movimientos la tela lastima mi clítoris que esta con ganas de sentir tu lengua recorriéndolo, lo pienso, lo deseo, más no te lo digo, ciertos pudores lo acallan, pero siento tus manos, recorrer mi vientre, me muevo para que caigan en mis nalgas y sentir tus manos fuertes, grandes, presionarlas, todo se dilata, me dejo llevar, siento mi humedad, guío tu boca a mi cuello, a mi oído, me encanta sentir tu lengua en esas partes donde me suelo desesperar, me encuentro con tu mirada, la que me penetra el espíritu, me acelera el pulso, me domina, me exige, me ordena, me suplica, me hace saber un deseo animal, como si saliera del mismo centro de la tierra.

Sigo queriendo más, quitas la tanga, te quito la tuya, pones tu pecho en mi boca, me encanta pasarte la lengua por tu pezón, redondos, bronceados, suaves, siento una mujer en mi boca, mis dientes lo toman, lo muerden despacio, de repente tu voz quita a la mujer y me ordena chupe una verga, cierro los ojos y me voy a tu deseo, ahí me imagino, la siento, la chupo, la succiono, la siento tan grande en mi boca que procuro no meterla mucho, siento toma con el interior de mis mejillas, te mueves, empujas mi cabeza para llevar tu deseo y dominar a tu mujer, a esa, que te esta dando placer, a la que te la está poniendo grande, más grande…. Sigo, sientes, te miro, imagino, otras, que pensaste hacían lo mismo en tu verga, aunque ellas tal vez no lo supieran, lo que traían en su boca, siento sus lenguas calientes sobre tu piel, sobre tus senos de mujer y sobre tu pene ardiente, ahí las vuelvo a imaginar, me calienta, me enoja, me excita, me muevo más necesito sentir tus manos en mi sexo húmedo.

Te detengo, quiero escuchar sus nombres, sus historias, cuando le quitaste la tanga a una, cuando convencías a la que no quería con el chiquita, tranquila no pasa nada… me vuelve loca, te deseo más siento el dejarme llevar como la primera vez con ella, tengo el temor, el pudor, las ganas de pararte y decirte no, cuando sabes que me llevarás a un sí, sigues tocándome, introduces un dedo, solo la puntita, susurras a mi oído, ándale si? Me dejas? Me aprieto para sentir más como entras en mi, como mi deseo no aguanta más, así le gustaba, así se lo hacía, palabras, caricias, hacen que más y más me moje, estás dentro de mi, tus dedos son expertos ya en penetrarme, no aguanto más, me muevo a mi ritmo, me dejo llevar por el tuyo.

Mi cuerpo se retuerce de desesperación de placer, sigue, sigue. Me volteas, me lames la espalda, la cara, así de perrito, así le gustaba a otras, me da rabia tu infidelidad, pasada, la disfruto, te siento montada encima de mi, tu peso no me pesa, podría hacerte venir en mis nalgas, me volteo, te tengo arriba de mi, grande, fuerte, decidida, no pides, tomas, me entrego, nuevamente vas a entrar donde te pertenecen las mujeres, tu mujer, te dejo tenerlas, me permito sentirlas, sal, sal de mi una vez más para sentir como entras en otra, para sentirte entrar una vez más y sentirlo diferente, como si otra entrara en mi, porque deje de ser yo misma, me muevo, te siento, te mueves, te pegas a mi, tu cuerpo se arquea, tus dedos se hacen grandes, ahora es tu verga, pues la mueves al ritmo que me penetras, quiero sentirme llena de ti, de tu leche, la cual me anuncias quiero dártela toda, me muevo más, te la aprieto, te la sostengo, siento tus dedos que tocan todo mi interior, ya ya ya no puedo más, la cabeza me da vueltas, tus palabras, ellas, tu verga, mis celos, mis deseos, todo se conjuga, para sentir que me mojo más, mucho, mucho más, hablas sigues, tomas, mueves, penetras, es grande, son expertos son ellas, eres tu, soy yo, ayyyy si siiiiiiiii así yaaaaaa uuuuuuyyyyyy vente conmigo, síguele, cuéntame, hazme, me muevo, te aprieto, me entrego, me mojo mas me rindo, soy tuya, eres mío, un hijo, tuyo, tu leche recorre mis muslos, escurre, sale, todo, junto, sal despacito, estoy sensible, tus manos están mojadas de mi, de ti, de él, de ellas, la respiración agitada, busco tu abrazo, tu pecho, tus besos en mi frente, en mis labios, tu cabello rizado entre mis manos, ahí, me afianzo ahí, te encuentro, descubro tu mirada dulce, tierna que aflora poco a poco para sentir nuestro amor, nuestras ganas, nuestros deseos, tu mano húmeda, sobre mi vientre, que rico, que ganas, estoy excitada, mucho más ahora, no estás, y tengo tantas, tantas ganas… tanta variedad en la cama, estoy húmeda, me aprieto, te deseo, te deseo

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Cuando tenía 15 años vi una película porno. Salía una chica, estaba sentada en un sofá. Alguien desde la cámara le hacía preguntas, ella parecía una chica normal, pero se palpaba el deseo, el de la cámara sobre ella, sabiéndose deseada. Al instante aparecieron 3 tíos, que sin mediar palabra le metieron la polla en la boca (uno después de otro), mientras ella masturbaba a los que esperaban. Así uno detrás del otro. Mientras el cámara no paraba de calentar el ambiente con frases cachondas.

Ella era lo más importante de la película, a los tíos no hacía falta ni verles la cara, de hecho ellos, seguramente, estarían ahí gratis, sin cobrar nada, con el único fin de follar con ella. De hecho, puede que esto fuera lo mejor que les hubiera pasado en mucho tiempo, follar de gratis y sin movidas con una chica joven y guapa.

Entonces entendí, casi de forma automática, que la película me importaba una mierda, si se la chupaba a uno o a cien. O si se la metían por el culo o por la oreja. Yo me excitaba al pensar en ella, como objeto de deseo de esos hombres, imaginaba que era yo…Todo eso con 15 años, cuando era virgen.

Sentados en el sofá conmigo estaban Ramiro y José Luis, dos compañeros del insti con los que me había tocado hacer el trabajo de ciencias. Durante un descanso me pusieron la película, aprovechando que no estaban los padres de Ramiro. Los tres permanecimos en silencio durante largo rato. Yo con mis pensamientos, y ellos con los suyos. De repente Ramiro cogió el mando y cortó la película.

Bueno, ¿qué te parece? – Dijo él

¿Qué quieres que te diga? – Dije yo

¿Habías visto porno alguna vez?

¿A ti que te importa?

¿Te parece una guarrería? – Dijo José Luis

Has puesto una película y yo he mirado, ¿qué más quieres? ¿un comentario de texto con nota?

Queremos saber si mañana irás corriéndolo a contárselo a todos.

¿El que? ¿qué tienes una tele de plasma? Jo chico… que impresionante.

¿O sea, que te da igual? – Dijo Ramiro

Sí, si quieres ponla mientras hacemos el trabajo, a mi me da igual.

¿Y si nos sacamos la polla y nos masturbamos? ¿te importa?

Es tu casa, haz lo que quieras…

Bueno, lo que realmente te queríamos pedir es… si nos haces una paja mientras vemos la peli.

¡¿Qué?! – Dije yo, me sorprendió, no lo voy a negar.

No te asustes, te pagamos… te pagamos…

¿Cuánto? – Dije yo

Cuando les pregunté cuanto se quedaron tontos, no se lo creían. Yo después de lo que había sentido viendo la película… no tenía especial reparo en pajear a estos dos, si me daban dinero a cambio. Me parecía un buen negocio, yo no pierdo nada, y mejor que agitar el boli haciendo el trabajo… muevo la muñeca. No sé, no es para tanto.

 

Te damos 20 euros cada uno.

Jaja, eso es poquísimo. – Dije yo

30 cada uno, no tenemos más… – Dijo José Luis

Aceptaría, si no se lo contáis a nadie, y si… termináis vosotros el trabajo de ciencias, ¿ok?

Aceptaron con una gran sonrisa en la boca. Me pagaron por adelantado… y nos acomodamos en el sofá, yo en el medio. Se bajaron los pantalones.

Para ser la primera vez que veía dos pollas no me impresionó mucho, aunque sí estaba excitada por la situación… ver la peli y agarrar dos pollas me parecía lo más: ¡cobrar como una puta pero seguir siendo virgen! Como juego es más excitante que el de la botella… y también como negocio.

La peli siguió: a la tía le metían pollas a la vez por la vagina y por el culo. Entonces cogí las pollas de Ramiro y José Luis y empecé a pajearles. Yo imaginaba que era ella… Ramiro y José Luis empezaron a gemir, les gustaba hacerse los “tíos” conmigo, me tocaban el pelo, palpaban mis hombros… a más no se atrevieron. Entonces José Luis se corrió, varios chorros de semen le saltaron directamente a su propia cara, aunque él estaba tan excitado que no paraba de gritar y revolverse de placer. No creo que hiciera eso siempre que se masturbara… sin duda para él era como follar por primera vez, eso me halagaba ¡cuánto soy capaz de hacer sólo con una mano!

En ese momento entró en casa Salva, el hermano de Ramiro con dos amigos más (de entre 25 y 30 años). Apenas les dio tiempo a Ramiro y José Luis de subirse los pantalones y cortar la tele. Yo me quedé tan tranquila sentada en el sofá. Todo parecería normal si no fuera porque José Luis seguía teniendo su propia corrida en la cara, cuando el hermano de Ramiro se dio cuenta (nada más entrar) se quedó de piedra:

¿Pero que cojones estáis haciendo?

Un trabajo de ciencias – dijo José Luis

¿Y para eso te pones una corrida en la cara? – Dijo Salva

Ramiro se estaba descojonando de risa. Y yo también…

Jajaja, nos estábamos pajeando y le ha saltado encima… jajajajaja…

¿Y tu? – Me dijo a mi

Yo nada…

Joder que suerte tenéis, cuando yo tenia vuestra edad una chica nunca se habría quedado a mirar

¡Nosotros le pagamos! Por 30 euros nos pajea.

Joder como se lo montan… ¿y que más cosas haces? – Me dijo

Nada más – Le dije algo cortada

¿Por 20 me pajeas a mi? – Dijo Salva

Bueno… – Dije sin pensar.

A ver si es verdad…

Se bajó los pantalones. La tenía pequeña, algo morcillona. En ese momento me sentía como al borde de un abismo… estaba traspasando la barrera de la realidad, con esto no contaba. Salva se la tocó un poco y en cinco segundos ya la tenía dura.

Venga – Dijo Salva

No, no, el dinero por adelantado – dije yo, los amigos de Salva soltaron carcajadas.

Salva tuvo que sacar la cartera y buscar los euros, estaba ridículo con la polla al aire. Me pagó, guardé el dinero en el bolsillo, me agaché y empecé a pajearle, mientras el resto no perdía detalle. Yo seguía pajeando con la izquierda (soy zurda), sin apartar la mirada de su polla, porque me daba mucha vergüenza mirarles a ellos, todos clavando sus miradas en mi. Me excitaba muchísimo, pero a la vez me daba corte.

¿Cómo te llamas? – dijo Salva

Ruth – Dije yo

¿Cuánto quieres por chupar?

Sonreí maliciosamente como si supiera de que me reía, como si yo supiera mucho más que él… y que va, no tenía ni idea de que me estaba riendo, pero intuía que era lo que tenía que hacer. La verdad es que en ese momento me habría encantado parar e irme, tenia el cuerpo ardiendo de calor, más que excitación, era desbordamiento… esta situación me desbordaba. Sentía como si fuera en un cohete, a mil por segundo… y no pudiera parar.

Hoy no chupo – Le respondí.

¿Y eso? – Dijo Salva fingiendo que no me creía, con risa burlona.

Solo chupo los miércoles, y hoy es ya jueves…

Todos rieron, y yo seguía moviendo mi mano, pajeándole.

¡Oye Ruh! – Me llamó uno de los amigos de Salva

¿Que? - Me giré un poco y le miré… en ese momento vi sus ojos llenos de deseo…

No hagas ni caso a ese, que es un cutre, te doy 150 euros si me la chupas.

Todos empezaron a silbar y reír, parecía que él había inaugurado los juegos.

Yo también te doy 150 si me la chupas – Dijo el otro amigo de Salva.

Y yo – Dijo el propio Salva.

Yo también reí, joder, mis padres me dan 30 euros a la semana… No contesté, sólo reí, mientras ellos no paraban de adularme:

Venga, que nos estás volviendo locos, ¡estás buenísima!

Al final lo dije:

Vale, pero por adelantado.

Mujer, confía un poco, cuando acabemos bajamos al cajero y te pagamos…

Que no, por adelantado…

Accedieron, y se fueron a sacar dinero. Me quedé a solas con Ramiro y José Luis. Ramiro se bajó los pantalones y me dijo que siguiera pajeándole, al fin y al cabo había pagado por ello.

Hazlo despacio, que no me quiero correr.

¿Y eso? – dije yo

Quiero seguir pajeándome cuando se la chupes a estos.

Podrías chapárnosla gratis, te vas a sacar una pasta gracias a nosotros – Dijo José Luis.

Ponte tu a chupar pollas y gánatelo… – Le dije

Yo no soy una puta – Dijo José Luis

Yo tampoco, de hecho aun soy virgen…

Entonces llegó Salva con sus amigos, que no eran sólo dos, habían llamado a 3 más.

Ruth, nos hemos encontrado con estos amigos por la calle y les hemos contado lo de nuestra fiestecita. ¿Se la chupas también?

Si pagan…

Todos empezaron a reír, parecían vaqueros… Unos bobos… le dan mucha importancia. ¿Es difícil chupar un dedo?, ¿hay que ser muy inteligente para hacerlo? ¿te estás rebajando? pues esto es igual… es sólo un trozo de carne… dentro de una boca, joder. Yo jamás lo había hecho antes, pero me parecía muy sencillo.

Pero nos tienes que hacer un descuento, que somos 6, hazlo por 100 por cabeza.

Ni de coña, 150.

Ya veremos… – Dijo Salva.

Ellos empezaron a bajarse los pantalones y acercarse a mi. Entonces me puse algo nerviosa.

No, no ¡150 por adelantado o me voy!

Hazme el descuento a mi solo, anda, y después te lo piensas con los demás, empieza… – Me dio el dinero y me le guardé en el bolsillo.

Me agaché y vi su polla frente a mis ojos. Entonces me di cuenta de que algo se me había pasado por alto.

Oye, ponte condón – le dije

¿Qué pasa? ¿tienes miedo de quedarte embarazada? Jajajaja.

Todos se rieron. De repente me empezó a entrar algo de asco. Más bien… reparo a meterme la polla de Salva así, a lo bestia, en la boca. Me estaba metiendo en un terreno de aguas movedizas, yo nunca había ni siquiera imaginado que se sentiría al chupar una polla, y ahora que la tenia delante me daba cuenta de que era un bicho considerable, lleno de venas y pringoso.

Venga, ya vale, te pagamos 50 con condón o 100 sin condón, elige de una puta vez que esto no es un concurso de la tele. Son las… 18:12, si a las 18:15 no estas chupando pollas, te vas de esta casa… a la puta calle y sin nada

Vale, sin condón.

Todos me dieron el dinero, uno por uno. Me lo guardé en el bolsillo. Joder, me iba a explotar el bolsillo del pantalón con tanto billete… tenía más pasta que nunca. Pero llegó el momento de ganármelo. Me agaché, cogí la polla de Salva y me la metí en la boca… todo lo que me cabía…

Eyyy, cuidado, no te atragantes, que esta es mucha polla – Me dijo.

La verdad es que estaba como un flan, enseguida se dieron cuenta de que no sabía ni como chuparla, pero empecé, poco a poco… Fue super raro, su polla estaba caliente y dura, pero a la vez, estaba blandita… un dedo tiene hueso, una polla no.

Salva me sujetaba de la cabeza, y yo me dejé llevar. Lo peor es que enseguida lleva el momento en el que tienes la boca llena de saliva con sabor a polla. Tampoco imaginé eso. Traté de no tragar saliva hasta que no pude más, y tragué… Ahí fue cuando me empecé a sentir una puta, no fue antes (cuando empecé a chupar), no, fue cuando tragué saliva con sabor a polla.

Pero ahora venía algo aun más sustancioso… Salva apretó mi cara contra su polla, yo pensaba que simplemente le excitaba, me empezó a dar arcadas tener la polla tan dentro, y entonces se corrió… varios chorros de semen salaron a mi garganta. Entonces logré sacarle la polla y empecé a toser… el semen estaba por todas partes, en mis labios, boca y garganta… Me lloraban los ojos, por reflejo… Mi cara así les excitaba aun más. José Luis me dio un vaso de agua, cuando fui a beber vi que en el fondo había una corrida:

Es mi pequeña contribución – Dijo José Luis.

Yo bebí igualmente, me daba igual…

Llegó el siguiente tipo, puso su polla frente a mi y yo empecé a chupar. Por lo menos tuvo el detalle de cuando se fue a correr, me avisó, me pidió que abriera la boca y se corrió lanzando su semen dentro… así por lo menos me dio algo más de margen para no tragar. Aunque las arcadas me entraron igualmente. Y así con los 6 tíos… se la chupé a todos hasta que se corrieron en mi cara o mi boca.

Cuando terminé Salva me dio mi mochila y me abrió la puerta de la casa.

Déjame que me limpie un poco antes – Le pedí.

Eso te costara 50 euros por cada una de las corridas que te quieres limpiar, en mi baño no se limpia semen cualquiera… nos da asco, somos una familia conservadora.

Salí por la puerta con la cara, y la ropa manchados de saliva y semen… De camino a mi casa entré en un Burger y me limpié un poco. Estaba agotada, me sentía muy rara, en el fondo estaba muy contenta… sabía que lo que había hecho rozaba la humillación, pero ¿acaso 690 euros no pagan 2 horas de trabajo? ¿cuánto ganan las chicas de mi edad en este Burger por todo un mes? Sinceramente: prefiero chupar pollas.

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